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La Agencia Espacial Europea siempre ha lanzado cohetes desde América del Sur. Noruega está muy cerca de cambiar eso – Tinta clara

  • diciembre 27, 2025
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El Ártico ya no es sólo ese vasto desierto de hielo en el fin del mundo, sino que se ha convertido en un punto estratégico para muchos países

La Agencia Espacial Europea siempre ha lanzado cohetes desde América del Sur. Noruega está muy cerca de cambiar eso

 – Tinta clara

El Ártico ya no es sólo ese vasto desierto de hielo en el fin del mundo, sino que se ha convertido en un punto estratégico para muchos países que no quieren desperdiciar. Y Europa no quiere dejarle escapar, optando ahora por migrar el lanzamiento de parte de sus cohetes desde Sudamérica hasta esta nueva ubicación, algo que tiene detrás una gran estrategia geopolítica.

Un acuerdo. La Agencia Espacial Europea (ESA) y Noruega recientemente firmado un acuerdo para impulsar la creación de un nuevo centro de investigación en el norte de nuestro planeta: el Centro Espacial Ártico de la ESA en Tromsø.

Pero no se trata de un centro de investigación más, sino de la respuesta de Europa para asegurar su autonomía en observación, navegación y comunicaciones en una región donde Rusia y China ya están desplegando sus propias infraestructuras.

La ubicación. La elección de Tromsø como ciudad donde ubicar esta nueva zona de lanzamiento no es algo elegido al azar. Si nos acercamos a un mapa, podemos ubicarla muy por encima del Círculo Polar Ártico, siendo ya una ciudad que se ha convertido en un vibrante ecosistema de datos satelitales.

Mirando hacia atrás, Tromsø ya alberga el control de la misión Satélite meteorológico del Ártico, un satélite lanzado en 2024 que intentó demostrar cómo una constelación polar puede salvar vidas a través de pronósticos meteorológicos muy precisos. Pero también cuenta con un gran número de instituciones que lo convierten en un auténtico Silicon Valley del frío, albergando la Secretaría del Consejo Ártico y el Instituto Polar Noruego.

Una mayor cantidad de datos. El acuerdo firmado entre la ESA y la agencia noruega NOSA establece un grupo de trabajo que definirá los detalles antes de finales de 2026. Este centro se define como una oportunidad para monitorizar el derretimiento del Ártico, que se está calentando cuatro veces más rápido que la media global, lo que nos da datos de lo que sucederá en el resto del planeta.

También conlleva una importante razón de seguridad nacional, ya que hoy el tráfico marítimo en el Paso del Noreste no deja de aumentar, y esto hace que contar con señales de Galileo permita controlar mejor todo lo que aquí sucede. Por eso, más que ciencia, estamos ante un centro crítico de seguridad civil, búsqueda y rescate.

El cambio de ubicación. Hasta ahora, nuestra puerta de entrada al espacio era la Guayana Francesa por una cuestión de física básica: su proximidad al ecuador nos permite aprovechar el “impulso” de la rotación de la Tierra para lanzar satélites pesados. Sin embargo, el centro de Tromsø y los nuevos puertos nórdicos responden a una necesidad diferente: la órbita polar. Por eso, mientras desde Sudamérica es ideal lanzar satélites de televisión que queden “fijos” en el ecuador, el Ártico es el balcón perfecto para satélites que deben vigilar el deshielo o las fronteras.

Lanzado desde el Polo, el satélite entra directamente en una trayectoria Norte-Sur que le permite escanear cada rincón del planeta mientras la Tierra gira debajo. Además, al estar sobre el eje de rotación, los cohetes no tienen que «luchar» contra el giro lateral de la Tierra, lo que hace que las misiones de observación sean mucho más eficientes y económicas.

Geopolítica. Más allá de la ciencia, en este caso hay una lectura de la soberanía territorialya que mientras China invierte en la “Ruta Polar de la Seda” y Rusia aumenta sus infraestructuras en Siberia, Europa necesita ojos propios en el norte. De este modo, mientras que desde Sudamérica es ideal lanzar satélites de televisión que queden «fijos» en el ecuador, el Ártico es el balcón perfecto para satélites que deben vigilar el deshielo o las fronteras.

De esta forma, el eje Tromsø-Svalbard, sumado a los nuevos puertos espaciales de Andøya (Noruega) y Kiruna (Suecia), consolida el norte de Europa como la principal puerta de entrada al espacio en el continente. Esta decisión reduce la dependencia de infraestructura externa como ocurrió en América del Sur y obviamente garantiza que todos los datos permanecen en territorio europeo.

¿Qué sigue ahora? Noruega, miembro de la ESA desde 1987, aporta su red de estaciones polares y su experiencia única en operaciones en órbita polar que, sin duda, son cruciales en la situación actual. A partir de ahora, el grupo de trabajo que se ha formado tiene dos años para diseñar la gobernanza y el calendario de un centro que promete ser «la torre de control» del futuro europeo en el Ártico.

Imágenes | riya rohewal

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