El uso de neumáticos para frenar la erosión marina y construir muelles artesanales está liberando sustancias tóxicas en las playas del Caribe colombiano
– Tinta clara
marzo 14, 2026
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Un estudio científico internacional, liderado por el Universidad Atlántica en alianza con instituciones de Estados Unidos y Francia, ha destapado un grave problema ambiental que afecta directamente a
Un estudio científico internacional, liderado por el Universidad Atlántica en alianza con instituciones de Estados Unidos y Francia, ha destapado un grave problema ambiental que afecta directamente a la costa caribeña: la presencia masiva de llantas fuera de uso en los ecosistemas marinos.
La investigación, publicada en la revista Boletín de contaminación marina, documenta cómo estos residuos, diseñados para el transporte terrestre, terminan convirtiéndose en contaminantes crónicos que degradan la biodiversidad de las costas colombianas y del resto del mundo.
El equipo de investigadores de la Universidad del Atlántico contribuyó una visión local crítica para este análisis exhaustivo a escala global.
El trabajo, titulado De las carreteras a los océanos: vías de contaminación de neumáticos al final de su vida útil en entornos costeros y marinos, combinó conocimientos de geología costera y ecotoxicología para comprender el recorrido que siguen los neumáticos desde las carreteras hasta las profundidades del mar.
Esta colaboración internacional nos permitió identificar que el Caribe es una de las zonas donde este fenómeno es más evidente debido a las prácticas de disposición de residuos en las comunidades costeras.
Reutilización informal en playas
El artículo científico demuestra que, en el Caribe colombiano y otras regiones tropicales, los neumáticos no llegan al agua por simple abandono, sino que se integran deliberada y precariamente al paisaje.
Los neumáticos al final de su vida útil son una amenaza subestimada para los ecosistemas costeros y marinos Foto:Cortesía de Óscar Rangel Buitrago.
El uso de neumáticos como estructuras para intentar contener la erosión de las playas, como base de senderos y rampas, o incluso como muelles improvisados y arrecifes artificiales sin ningún tipo de aval técnico.
Estas intervenciones, generalmente realizadas por particulares antes la falta de soluciones formales de ingeniería, generar graves impactos a largo plazo. La fricción con el agua y la radiación solar provocan la fragmentación de los neumáticos en partículas de desgaste y microplásticos, además de la lixiviación de químicos nocivos que afectan la calidad del agua y la salud de las especies marinas que habitan en los arrecifes y manglares de la región.
Falta de seguimiento de la contaminación marina
A pesar de la magnitud del problema, el estudio señala que los neumáticos fuera de uso suelen ser «invisibles» para las autoridades medioambientales cuando cruzan la costa.
En algunas partes del Caribe se utilizan neumáticos para detener la erosión. Foto:Cortesía de Óscar Rangel Buitrago.
El estudio indica que si bien en Colombia existen regulaciones para el manejo de llantas en las ciudades, estas normas Pierden el rastro de los residuos una vez que llegan al medio marino. Como consecuencia, el neumático deja de considerarse residuo urbano y se convierte en un contaminante marino que nadie controla ni regula oficialmente.
Para el investigador Oscar Rangel Buitrago, de Uniatlántico, esta falta de gobernanza institucional permite que la acumulación de caucho y químicos persista indefinidamente en el sedimento marino, alterando los servicios ecosistémicos de los que dependen miles de personas. familias de pescadores en el departamento del Atlántico y el resto de la costa caribeña.
Los investigadores enfatizan que es urgente que los neumáticos se incluyan en las estrategias nacionales de gestión costera y en los programas de seguimiento de la contaminación marina.
El estudio de la Universidad del Atlántico busca sentar las bases para Se prohíben prácticas de infraestructura costera con materiales inadecuados y se promueven alternativas de protección costera que sean seguras y sostenibles.
Reconocer este material como una fuente específica de degradación ambiental es, según Rangel, un paso fundamental para proteger la salud de las comunidades costeras y avanzar hacia políticas públicas que protejan verdaderamente el patrimonio natural del Caribe.