Vigilante está entre la vida y la muerte. – Tinta clara
- marzo 11, 2026
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La madrugada en el sur de Cartagena no fue interrumpida por el ruido de una sirena, sino por el seco rugir de la pólvora. Eran las 3:40 de
La madrugada en el sur de Cartagena no fue interrumpida por el ruido de una sirena, sino por el seco rugir de la pólvora. Eran las 3:40 de

La madrugada en el sur de Cartagena no fue interrumpida por el ruido de una sirena, sino por el seco rugir de la pólvora.
Eran las 3:40 de la mañana de este miércoles cuando el La IPS Virrey Solís dejó de ser un refugio de curación y se convirtió en un escenario de violencia.
Lo que comenzó como un reclamo administrativo terminó en un baño de sangre que hoy tiene a la ciudad bajo una sombra de consternación y furia.
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El detonante fue una negativa al protocolo. Un hombre, cuya identidad es ahora el principal objetivo de las autoridades, Exigió ingresar al área restringida donde estaba siendo atendido su familiar.
Dada la firmeza de la normativa hospitalaria, que busca proteger la asepsia y el orden de servicio, El sujeto no respondió con argumentos, sino con fuego.
Con una frialdad que estremece, El agresor sacó un arma y atacó la fachada de emergencia. El objetivo inmediato era el primer eslabón de la cadena de seguridad: un vigilante que cumplía su turno y que hoy se debate entre la vida y la muerte.
«Recibió seis impactos de bala. Fue un ataque directo, violento y sin precedentes contra la misión médica», confirmó Rafael Navarro, director del Dadis.
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La situación dentro del centro de atención es devastadora. No fueron sólo los disparos contra el personal; El atacante, en un ataque de ira incontrolable, destruyó las puertas de acceso y la entrada principal, dejando cristales y casquillos esparcidos entre camillas y material médico.
Tras amenazar a un segundo guardia de seguridad, el tirador se dio a la fuga, dejando atrás el silencio de una emergencia que, por primera vez en mucho tiempo, tuvo que cerrar sus puertas para lamerse las heridas.
El guardia fue trasladado de urgencia a la Clínica Madre Bernarda. Después de una cirugía de gran complejidad, permanece en la Unidad de Cuidados Intensivos bajo pronóstico reservado; mientras que las instalaciones de la IPS Virrey Solís permanecen cerradas provisionalmente. Los daños materiales requieren una reconstrucción técnica antes de volver a recibir pacientes. Por su parte, La Alcaldía de Cartagena puso precio a la cabeza del agresor, ofreciendo una recompensa de hasta 10 millones de pesos.
Este ataque rompe una racha de relativa calma que venía experimentando la ciudad en el trato a los trabajadores del sector salud. El suceso ha sido catalogado por las autoridades como un ataque contra la misión médica, figura protegida internacionalmente incluso en contextos de guerra, pero que en la vida urbana cotidiana parece haber perdido su armadura sagrada.
«Llamamos de nuevo a la cordura y al respeto. Los trabajadores sanitarios estamos para salvar vidas, no para perder la suya en el ejercicio del deber», afirmó Navarro mientras coordinaba los operativos de búsqueda con la CRUE y la Policía Nacional.
Hoy, mientras un hombre lucha por su vida en una UCI, las autoridades se preguntan cuándo la impaciencia se volvió mortal y cuánto vale realmente la seguridad de quienes nos cuidan.
Documental de la periodista Jineth Bedoya Foto:
cartagena