La historia es vieja Tiene casi 20 años: un escarabajo protegido está arrasando con los robledales de Salamanca. Es un barrenador de la madera que cava galerías en los robles y acaba debilitándolos hasta la muerte.
el agravamiento. Y, si bien es cierto que la dehesa es un ecosistema muy pequeño y localizado, su importancia económica, social y simbólica es enorme. Por tanto, la idea de una plaga que está ‘perforando’ la infraestructura productiva del oeste de España y que no se puede controlar porque está «en peligro de extinción» pone nerviosa a mucha gente.
El problema, como siempre, es que el asunto es un poco más complicado.
Qué es eso Cerambyx cerdo? También conocido como ‘capriconio mayor de los robles‘, es uno de los escarabajos más grandes que quedan en Europa. Es relativamente fácil reconocerlo porque tiene unas antenas enormes y desproporcionadas, más largas que el propio cuerpo.
Y sí, efectivamente, el Directiva de hábitats lo protege a nivel europeo. Es decir, los estados miembros tienen la obligación de establecer áreas especiales para su conservación.
Lo que pasa es que en España, al menos, esto ha generado problemas: a lo que ya hemos comentado de los robledales de Castilla y León, hay que añadir el caso de Baleares donde las autoridades dedican presupuestos millonarios para proteger la Sierra de Tramuntana de la superpoblación de estos insectos.
Entonces es un problema, ¿verdad? Sí, claro. Lo que pasa es que se suele ignorar un pequeño detalle: que, como dicen los estudios técnicos desde hace décadasLos árboles más susceptibles suelen ser viejos o en mal estado fisiológico. Es decir, históricamente el gran Capricornio tuvo una relación casi simbiótica con los ecosistemas: ayudaba a ‘renovar’ el bosque, eliminando árboles en mal estado.
Es decir, el problema actual. no es solo el escarabajo: es el mal estado de las montañas y pastos.
¿Mal estado? Hace unas semanas hablábamos de la seca, una grave enfermedad provocada por un patógeno (Phytophthora cinnamomi), vinculado directamente a la decadencia y muerte de encinas y alcornoques. Pero, como también decíamos, a pesar del alarmismo sobre las plagas, estas son consecuencia de décadas de malas prácticas forestales que han socavado el ecosistema desde dentro.
La dehesa, como ya sabemos, no es un ‘entorno natural virgen’: es un sistema agrosilvopastoril muy complejo el resultado de siglos de tala de bosques, pastoreo extensivo y usos humanos de todo tipo. Prácticas que han desaparecido y han sido sustituidas por otras prácticas industriales que aplicaban poca gestión y mucha fuerza bruta.
A eso hay que sumarle también el cambio climático.
Lo que está en peligro de extinción es el ecosistema. Ese es el verdadero problema: los cientos y miles de árboles en mal estado, con fuerte estrés hídrico y problemas de todo tipo. Y ahí es donde crecen las plagas.
Volvamos al escarabajo. Porque, por supuesto, su estatus de protección especial hace que su gestión sea aún más difícil de lo normal. Es por eso, La queja normal es que «no se puede fumigar»: pero eso no significa que no puedas «luchar». Cosas como la prevención silvícola, la vigilancia y los medios técnicos avanzados pueden ayudar a controlar las poblaciones. Además, las mismas normas que lo protegen permite enfoques más serios cuando sea necesario.
Sin embargo, el problema es el de siempre: el bosque (incluso un bosque tan importante socioeconómicamente como la dehesa) sólo es rentable si no se consideran las externalidades que genera su explotación. El mejor ejemplo lo llevamos años viendo en Murcia.
Imagen | Mitec / jose hume
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