Aragón se ha convertido en la primera comunidad autónoma del noroeste peninsular que busca recuperar el lince ibérico. Y sí, es un hito histórico que quedará en los anales de los manuales de conservación; Pero la pregunta es otra: ¿tiene algún sentido (a nivel ecológico, social o económico) seguir metiendo linces donde hace décadas que no los hay o estamos en plena operación de marketing político que nos saldrá cara?
La respuesta es más compleja de lo que parece.
¿Qué ha pasado? El 17 de marzo de 2026, Jorge Azcón lanzó las dos primeras copias de lince ibérico en una finca de Torrecilla de Valmadrid (Zaragoza). Tienen un año de edad, la hembra procede de Portugal y el macho de Doñana.
«El paso dado hoy es un hito en la recuperación de la biodiversidad en la comunidad», explicó el presidente en funciones. Y es, en cierto modo, la idea general en casi todas las comunidades de España: el lince ibérico se ha convertido en nuestro ‘oso panda’, un animal al que tenemos cariño, un símbolo del país y una aspiración social.
¿Tiene sentido reintroducir el lince? Para el lince, sí. Aunque hemos avanzado mucho desde 2002 (cuando sólo había 94 linces confinados en Andalucía), todavía no hemos alcanzado un «estado de conservación favorable». Es decir, 3.500 ejemplares (ahora hay 2.401) y 750 hembras reproductoras (hay 470).
Desde su inicio en 2019, el proyecto VIDA LynxConnect ha intentado poner en práctica una idea muy sencilla: de nada sirve tener muchos linces si esos linces se limitan a un par de lugares. Necesitábamos núcleos diversos y necesitábamos conectarlos.
Sobre todo, porque el cambio climático está afectando también a todo el territorio nacional. El norte peninsular es cada vez más seco y cuenta con mayores poblaciones de conejos: por ello, se ha hecho viable que haya al menos dos pueblos (en Cuenca y Palencia) que están completamente fuera de la distribución histórica reciente del lince.
¿Y para las zonas donde se libera? A corto plazo, también es una buena noticia. De hecho, el movimiento aragonés no se puede entender sin un hecho básico: los fondos europeos que ayudar a este tipo de programas (920.000 euros en este caso) caducaron este mismo año.
A medio o largo plazo depende de muchos factores: fundamentalmente, porque todo depende de los conejos.
¿Conejos? ¿Qué pasa con los conejos? Los conejos representan entre el 80 y el 90% de la dieta del lince. De hecho, estos roedores se encuentran en el base de la cadena alimentaria de más de 30 especies.
La buena noticia es que, como prevenido Hace unas semanas, la Unión de Agricultores y Ganaderos de Castilla la Mancha «la proliferación de conejos es un problema que lleva diez años, hablan de una ‘plaga’ que amenaza los olivares y los pistacheros y almendros, y exigen que se controlen las poblaciones de estos animales».
Lo malo es que no están donde deberían estar. La historia de los conejos españoles es compleja. Su descenso está asociado a mixomatosisprimero (mediados del siglo XX); continuar con el enfermedad hemorrágica del conejo en los años 80; y se complica con la llegada en 2012 de una nueva variante (RHDV2) que afecta a poblaciones justo cuando comenzaban a recuperarse.
A todos estos problemas de salud hay que sumar los cambios en el paisaje y la desaparición de linderos, barbechos y refugios tradicionales.
Y el resultado es que los conejos han buscado un nuevo hogar. Así, las pendientes y los bordes de las carreteras se han convertido hábitats tremendamente favorables (e incluso vectores en movimiento) y áreas con alimentación constante (riego/cultivos) son atractivos naturales de estas poblaciones reducidas.
Los agricultores temen que la llegada del lince no controle la plaga y, por otro lado, al endurecer las normas de conservación, pueda disparar las poblaciones de conejos. ¿Tienen razón? Es difícil de decir. Pero lo vamos a descubrir.
Imagen | Jorge Azcón – Gobierno de Aragón
En | España, tierra de conejos (amenazados): la especie ha pasado de «plaga» a estar en peligro de extinción