Tenía 17 años y trabajaba de noche como empleada a domicilio.
– Tinta clara
abril 3, 2026
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A las 22:05 horas del miércoles 1 de abril.Sebastián Andrés Guzmán Ayala estaba trabajando. Tenía 17 años, llevaba dos semanas confinado en su casa y esperaba afuera de
A las 22:05 horas del miércoles 1 de abril.Sebastián Andrés Guzmán Ayala estaba trabajando. Tenía 17 años, llevaba dos semanas confinado en su casa y esperaba afuera de la tienda ChoriLocos, un negocio de comida rápida del barrio. Estadio de Villa, en Soledad.
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No huía, ni discutía con nadie, ni participaba en ningún conflicto; Estaba allí porque le tocaba y porque necesitaba el dinero. Minutos después, estaba muerto.
Según la reconstrucción preliminar, en la carretera apareció una motocicleta con dos hombres. Carrera 14A con Calle 70. El parrillero no se bajó de la moto ni hizo más ruido que cuando disparó su único tiro.
Ese desafortunado impacto fue suficiente, ya que el proyectil ingresó por el tórax, al primer espacio intercostal del hemitórax derecho y Sebastián quedó tirado frente al negocio.
Estaba en los primeros semestres de Derecho. Foto:Redes sociales
La motocicleta se dio a la fuga. Los responsables se marcharon tan rápido como llegaron y los vecinos de la zona corrieron hacia el joven para auxiliarlo. Intentaron sujetarlo, contener la herida y pedir ayuda en el que lo llevaron a la clínica Salud del grupopero no había mucho que la ciencia médica pudiera hacer: joven Guzmán ingresó sin signos vitalesya que el disparo había atravesado una zona crítica.
Según información de la policía nacional, Sebastián no tenía antecedentes judiciales y tampoco figuraba en el SPOA. No tenía vínculos con estructuras criminales y simplemente estaba trabajando.
Un objetivo indirecto
La hipótesis central no gira en torno al joven. El objetivo era el negocio. Según información oficial, ChoriLocos habría recibido amenazas de extorsión días antes del homicidio. El 24 de marzo, Desconocidos dejaron panfleto de extorsión dentro del establecimiento.
El joven había completado un curso de criminología. Foto:Redes sociales
El mensaje fue reconocible para quienes viven en pequeños negocios en Soledad y han visto de cerca la red de alquileres ilegales que las autoridades no han logrado contener. El panfleto estaba firmado por el presunto “Comandante Gonzalo Costa, de Los Costeños”y un número de teléfono.
Fuentes cercanas a la investigación del incidente indican que los propietarios no habrían accedido a las exigencias económicas y no pagaron ningún tipo de extorsión. Como si fuera una obligación y en represalia, Una semana después la advertencia se tradujo en violencia.
Ese miércoles por la noche, los extorsionadores regresaron y el disparo que mató a Sebastián no fue dirigido a él como individuo, sino a la presencia física frente al negocio. El mensaje armado fue ejecutado. no importa quién estuviera allí para recibirlo.
El joven estudiaba Derecho.
Sebastián Andrés Guzmán Ayala Estudió Derecho en la Universidad Simón BolívarEstaba en sus primeros semestres. Anteriormente había cursado un técnico en Criminalística, interesado en comprender los procesos judiciales, en abordar el derecho desde el conocimiento y no desde la barrera.
La institución educativa donde se graduó se sumó en solidaridad con su fallecimiento. Foto:Redes sociales
Trabajaba de noche para ayudar a pagar sus estudios. Por eso había aceptado el puesto domiciliario hace apenas dos semanas. y ese fue el motivo de su presencia.
Personas cercanas aseguran que quería continuar su carrera universitaria y valerse por sus propios medios. No hubo denuncias en su contra y no participó en investigaciones anteriores, que ha causado revuelo entre los ciudadanos que ve en el joven un simple repartidor, que trabaja de noche, de manera informal, pero inocente.
Unidades de la Policía Judicial y de la Fiscalía asumieron el caso. Se realizan trabajos vecinales y se registran cámaras en el sector, se analizan llamadas y Se realiza un seguimiento del número indicado en el folleto. Las autoridades están tratando de establecer la trazabilidad de la amenaza y vincularla directamente con el ataque.
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Hasta el momento no hay detenidos. El crimen de Sebastián Andrés Guzmán Ayala expone la incómoda verdad de cómo la extorsión continúa destruyendo a personas inocentes que, lejos de ser delincuentes, Fueron formados para ir contra ellos.