La imagen me resulta familiar. Una joven sonríe desde una playa de aguas turquesas. En la siguiente publicación aparece caminando por una calle adoquinada de Marrakech. Abajo, posa en un hotel de lujo en las Maldivas. La piel está perfecta, el cuerpo responde a los cánones imperantes y el texto acompaña con frases inspiradoras sobre viajar, descubrir culturas y “vivir el momento”.
Nada parece fuera de lugar. Hasta que descubres la realidad. Esa viajera no ha volado, no ha recorrido esas calles ni ha probado la comida que recomienda. No existe. Es una influencer generada por la inteligencia artificial y forma parte de un fenómeno que crece silenciosamente: la normalización de perfiles artificiales que influyen en las decisiones reales de millones de personas.
Un boom silencioso pero masivo. En los últimos dos años, Instagram y otras redes sociales se han llenado de influencers virtuales: personajes creados con IA generativa que simulan ser personas reales y publican contenidos de viajes. estilo de vida En cuanto a moda, el caso más conocido en España es el de Aitana López. Algunos lo indican más o menos claramente en su biografía; otros lo hacen de forma ambigua o casi invisible. Sin embargo, lo interesante aquí es cómo los ejemplos se multiplican en el sector turístico. Sena Z ha sido presentado como «el primer influencer de viajes y hostelería creado con IA», es una colaboracion entre el grupo de lujo Cenizaro Hotels & Resorts y la firma tecnológica Bracai. Sena publica recomendaciones culturales, mensajes sobre sostenibilidad y fotografías de destinos exóticos.
Otro caso destacable es el de Emma, la influencer y chatbot oficial de la Oficina Nacional de Turismo de Alemania. emma no solo publicar contenido en Instagrampero responde preguntas en más de 20 idiomas de el sitio web oficial de la organización. Como se explica desde la entidad al Washington Postsu creación es parte de una estrategia para «mantenerse a la vanguardia de la innovación digital». Se agregan otros perfiles a estos perfiles, como radhika, Emily Pellegrinio avatares corporativos como Samála azafata virtual de Qatar Airways que aparece tanto en la web de la aerolínea como en las redes sociales, publicando como si estuviera viviendo experiencias reales.
Estos no son experimentos aislados. Según detalla The New York TimesLas aerolíneas, las oficinas de turismo y las marcas recurren cada vez más a estos avatares porque son más baratos, más rápidos y completamente controlables. Un influencer de IA no enferma, no se cansa, no envejece y no genera controversias personales.
Influencers sin experiencia. La pregunta es inevitable: ¿qué pasa cuando la experiencia no es real? Basta mirar estos perfiles para comprobarlo: recomiendan destinos, restaurantes y culturas que no han experimentado. Aun así, generan compromisoacumula miles de me gusta y comentarios e influye en las decisiones de viaje.
Desde el punto de vista de las marcas, el atractivo es evidente. Según datos recogidos por medios neoyorquinosCrear un avatar avanzado puede costar entre 5.000 y 15.000 dólares, en comparación con las campañas tradicionales que superan fácilmente las seis cifras. Además, se pueden producir contenidos sin desplazamientos, sin equipos de filmación y sin negociar con el talento humano. Sin embargo, para los verdaderos creadores, el impacto ya se está sintiendo. Los influencers humanos citados por el mismo medio explican que las marcas están reduciendo los pagos, eliminando extras y ofreciendo colaboraciones menos ventajosas. La IA se convierte así en una nueva competencia directa dentro de la economía creativa, un sector valorado en más de 200 mil millones de dólares a nivel mundial.
¿Alguien lo está regulando? Mientras La tecnología avanza rápidamente, la regulación intenta ponerse al día. Volviendo a casa, en Europa, la respuesta más clara llega a través de la Regulaciones de Inteligencia Artificial (Ley de IA). Artículo 50, que entrará en vigor en agosto de 2026establece obligaciones de transparencia para proveedores y usuarios de sistemas de IA. Entre ellos:
- Informar cuando una persona interactúa con un sistema de IA.
- Marcar el contenido generado o manipulado por IA (texto, imagen, audio o vídeo) en formato detectable.
- Obligar a que se declaren los deepfakes y los textos generados por IA que informan sobre asuntos de interés público, a menos que exista una revisión editorial humana.
La Comisión Europea ya ha iniciado la preparación de un Código de Buenas Prácticas para el marcado y etiquetado de contenidos generados por IA, con la participación de expertos, plataformas y sociedad civil. El objetivo es facilitar el cumplimiento antes de que la ley sea plenamente aplicable. Sin embargo, muchos perfiles virtuales no indican claramente ni su carácter artificial ni sus vínculos comerciales, dejando al usuario en un campo de ambigüedad.
Cuerpos irreales, autoridad algorítmica. Más allá de la promoción de destinos, la mayoría de los influencers de IA comparten rasgos comunes: eterna juventud, cuerpos delgados, piel perfecta y ausencia total de imperfecciones. Este fenómeno coincide con el regreso de la estética Y2K y la delgadez extrema en las redes sociales, tendencia que se ha relacionado con una disminución de la diversidad corporal.
El caso más destacable se debió a campañas publicitarias con modelos generados por IA, como Guess en Vogue. Los expertos en salud mental advirtieron que la exposición constante a cuerpos irreales puede agravar los problemas de autoestima y aumentar el riesgo de sufrir trastornos alimentarios. La diferencia, señalan, es clave: mientras que el retoque tradicional partía de un cuerpo real, la IA crea cuerpos que nunca han existido, imposibles de lograr incluso en teoría.
Esta lógica se ha llevado al extremo con fenómenos como el concurso de Miss IAdonde compiten modelos generados artificialmente mostrando cuerpos sin poros, sin edad y sin historia. Según los cirujanos plásticosCada vez más pacientes acuden a consulta con imágenes creadas por IA pidiendo intervenciones imposibles y señalando el riesgo de frustración, obsesión y daño psicológico.
El problema de fondo: ya no sabemos qué es real. Todo esto ocurre en un contexto más amplio: una crisis de confianza visual. Como ha analizado mi colega de , la generación masiva de imágenes hiperrealistas ha roto una cadena que durante siglos parecía sólida: si algo se veía, probablemente había existido. Hoy esa presunción ha desaparecido. Ver ya no equivale a saber.
En este nuevo escenario, no sólo dudamos de si un influencer realmente ha viajado, sino también de si la propia imagen se corresponde con algo ocurrido. La consecuencia es una sospecha permanente que afecta a la memoria, la atención y la forma de relacionarnos con la realidad digital. La solución técnica (sellos, metadatos, certificaciones) apenas comienza a delinearse, mientras que la adaptación cultural está muy rezagada.
Un solo movimiento. Al final, todo vuelve al gesto inicial: deslizar el dedo por la pantalla. Las playas siguen siendo reales. Las ciudades existen. Los viajes suceden. Pero quienes las cuentan, cada vez más, no han estado allí.
En un ecosistema digital saturado de imágenes perfectas, la pregunta ya no es si veremos más influencers generados por la inteligencia artificial, sino si sabremos –y podremos exigir– distinguirlos. Porque en Instagram la inspiración se sigue vendiendo como auténtica, aunque ya no haya nadie detrás que haya hecho la maleta.
Imagen | Instagram
| No sabríamos decirte si la imagen que encabeza este post es real o generada por IA: estamos en la era de la duda permanente