Dicen que la curiosidad mató al gato, y si esa curiosidad es de la directora de una oficina de CaixaBank, lo más probable es que su puesto esté en peligro. Como ejemplo de ello, la responsable de una oficina de esa entidad en un pequeño pueblo de Gerona que fue despedida por «chismorrear» sobre los datos bancarios de la gente de su pueblo. Los tribunales lo calificaron de fraude y abuso de confianza.
El caso llegó al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que confirmó que el despido disciplinario estaba plenamente justificado.
La curiosidad mató al gato. Como se detalla en la sentencia emitida Por parte del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, en noviembre de 2023, CaixaBank detectó accesos anómalos a su base de datos de clientes. El director de la oficina de Les Preses (Gerona) había estado accediendo a la información bancaria de sus clientes sin justificación aparente. Una auditoría interna reveló la magnitud del problema: entre el 3 de noviembre de 2022 y el 11 de diciembre de 2023, la dirección había realizado consultas sobre 170 clientes diferentes en 210 días diferentes.
Lo más grave fue el patrón ya que de esos 170 clientes consultados, 84 eran familiares o personas de su círculo cercano, y 121 vivían en la misma localidad donde vivía el director. Las búsquedas se realizan principalmente por nombre y apellido, algo muy poco habitual en la operativa bancaria habitual en la que se utiliza el DNI del usuario para evitar confusiones entre usuarios con idéntico nombre y apellido.
Las explicaciones que no convencieron a nadie. Cuando la auditoría investigó los accesos, la directora intentó justificarse. Primero dijo que era común revisar las cuentas de los clientes en otras oficinas para confirmar que las transferencias de efectivo entre usuarios se habían completado correctamente. Luego explicó que algunos clientes le habían pedido ayuda porque habían tenido problemas de acceso desde la aplicación móvil. Pero a medida que se conoció más información, esas excusas comenzaron a perder fundamento.
El banco confirmó ante el tribunal que la mayoría de esos 170 clientes se habían conectado a través de la aplicación móvil el mismo día que el director consultó sus cuentas, lo que demostraba que no necesitaban su intervención.
Sin argumentos, lo único que le quedó fue la verdad: ella era una chismosa. Finalmente, la trabajadora admitió que había consultado estos datos por «xafardería», término catalán que significa simple curiosidad o chisme.
Reconoció que no lo había hecho a pedido de los clientes ni buscando información específica, sino motivada por la curiosidad de conocer los pagos y movimientos financieros de sus familiares, amigos y vecinos. También aseguró que no había compartido esa información con nadie. Sin embargo, esta confesión no fue suficiente para salvarlo de las consecuencias: el despido disciplinario inmediato.
Hubo abuso de confianza y el TSJC lo confirmó. CaixaBank no dudó en actuar cuando se conocieron las conclusiones de la investigación interna. El 31 de enero de 2024 se le notificó su despido disciplinario por considerar que su actuación constituía un “incumplimiento muy grave de la buena fe contractual, fraude y abuso de confianza”, de conformidad con lo previsto en el artículo 54.2.d) del Estatuto de los Trabajadores y el artículo 76.4 del vigente Convenio Colectivo de Cajas de Ahorros y Entidades Financieras.
El Juzgado de lo Social número 1 de Figueras apoyó esta decisión el 26 de julio de 2024. La trabajadora intentó recurrir ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, pero el tribunal rechazó todos sus argumentos. El tribunal concluyó que «no hay justificación» para estas consultas y que la conducta «contradice el código ético y las normas de confidencialidad que deben regir en un negocio tan sensible como el bancario». La sentencia no dejó lugar a dudas, declarando procedente y definitivo el despido.
Una lección de confianza y responsabilidad. como y como se destacan en el entorno especializado Economista y JuristaEste caso deja importantes lecciones sobre cómo el acceso a información sensible en una institución financiera es un privilegio que conlleva responsabilidad. La directora había recibido formación sobre protección de datos y código ético, por lo que era plenamente consciente de las normas que estaba infringiendo. Su puesto en la oficina le dio acceso a los datos privados de cientos de personas, y utilizó ese acceso a información confidencial para satisfacer la simple curiosidad.
Debido a la recurrencia de las consultas, los tribunales entendieron que no se trataba de un caso aislado, sino de un patrón de conducta deliberado que vulneraba la confianza depositada en ella por la entidad y sus clientes.
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