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Se llama John, estudió en Wharton y gestiona olivos de Nueva York. – Tinta clara

  • marzo 2, 2026
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100 mil millones de euros en tierras de cultivo. Eso es lo que, según un informe exhaustivo de Greenpeace y DatadistaGestiona capital riesgo en la Península Ibérica a

Se llama John, estudió en Wharton y gestiona olivos de Nueva York.

 – Tinta clara

100 mil millones de euros en tierras de cultivo. Eso es lo que, según un informe exhaustivo de Greenpeace y DatadistaGestiona capital riesgo en la Península Ibérica a través de unos 900 fondos de inversión. No es una rareza española: es un boom internacional. En 2015, sólo había 45 fondos especializados en ‘agrobusiness’ en el mundo; hoy hay más de mil.

De vuelta a España, desde 2019 la compraventa de propiedades ha crecido un 20%. Sólo en 2023 se vendieron unas 148.000 propiedades. Nueve de cada diez; al menos en Andalucía, Fueron comprados sin hipoteca..

Pero no es esto lo que preocupa. Después de todo, llevamos años hablando de financiarización del campo. Lo que no sabíamos era el profundo impacto que esto iba a tener.

Cómo está cambiando el agricultor español. Según el informe, existen tres tipos de compradores: fondos de inversión especializados, grandes corporaciones industriales y fortunas familiares. Es decir, la propiedad de la tierra se está separando muy rápidamente de ésta: los que antes eran empresarios o propietarios tradicionales con cierta vinculación al territorio, ahora son simplemente inversores.

Y eso ha generado un nuevo tipo de empresa: intermediarios especializados. Aquellas que permiten a inversores sin experiencia operar fincas como si fueran «franquicias». Empresas como Balam o Todolivo ofrecen una gestión integral de las plantaciones (desde la mejora genética y la plantación hasta la cosecha).

El problema, según los expertos que estudian estas transformaciones, es que los cambios de propiedad y de gestión están provocando un cambio en la estructura productiva de la España rural. Para decirlo sin rodeos: este enfoque no genera empleo local significativo. Andalucía, por poner el ejemplo más visual, ha perdido 178.957 empleos agrícolas entre 2017 y 2014.

Miles de millones están entrando al campo español, pero ese dinero no llega a la base.

¿Por qué es importante? Porque el mundo rural se está transformando a un ritmo forzado: la crisis del relevo generacional, los bandazos del régimen hídrico y los problemas con la PAC son la guinda del pastel: focos de incertidumbre que imposibilitan saber hacia dónde vamos.

Y eso tiene consecuencias directas en nuestra vida diaria. Por ejemplo, en el caso del petróleo, no sólo vamos a ver cómo la volatilidad del precio del AOVE aumenta incluso en buenas cosechas. Por si fuera poco, vamos a avanzar hacia una uniformidad varietal (para centrarse en variedades superintensivas), una pérdida de población rural y una desarticulación (industrial, social y cultural) aún más profunda de la España vaciada.

Imagen | Vasilis Caravitis

En | En California, los fondos descubrieron que no hay inversión más rentable que las tierras de cultivo. Ahora le toca a España