Justo en medio de una incesante batalla polÃtica y empresarial por alargar la vida del parque atómico español, la dura realidad del mercado se ha impuesto. Mientras los altos directivos discuten sobre el futuro a largo plazo, el presente ha tocado la mesa: el propietario de la central nuclear de Almaraz II notificó al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) una parada no programada de su reactor y su desconexión de la red eléctrica.
Las alarmas no saltaron por un problema de seguridad. De hecho, el incidente fue clasificado como nivel 0 (sin importancia para la seguridad) en la escala internacional INES, a la que hemos tenido acceso. El verdadero motivo fue puramente económico y motivado por causas relacionadas con el mercado eléctrico. Como se explica El Periódico Extremadura, La reciente sucesión de tormentas disparó la producción renovable -hundimiento de los precios de la electricidad- que, sumada a una «carga fiscal inasequible» que representa más del 75% de sus costes variables, hizo completamente inviable mantener el reactor en funcionamiento.
El pulso reciente: de la desconexión a la prórroga
Esta desconexión choca frontalmente con los intensos movimientos corporativos de las últimas semanas. A finales de octubre, Iberdrola, Endesa y Naturgy presentado al ejecutivo una petición formal para aplazar hasta junio de 2030 el cierre de Almaraz, cuyos dos reactores estaba previsto que fueran desconectados para 2027 y 2028.
Pero la ambición del sector no se queda en Cáceres. De acuerdo a cinco diasEl presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, ha confirmado que solicitarán la ampliación de otras plantas en el futuro, asegurando que «la mayorÃa de ellas pueden llegar a los 60 e incluso 80 años».
Esta posición está respaldada por argumentos técnicos y logÃsticos de la industria. Como se detalla en El economistaEl director general de Endesa, José Bogas, aspira a prolongar «en números redondos unos 10 años más» todo el parque nuclear español. Bogas sostiene que no tiene sentido logÃstico proceder al complejo desmantelamiento de dos grupos de una misma central en fechas diferentes (2027 y 2028). Mientras tanto, el CSN ya esta analizando la documentación para emitir su preceptivo informe, previsiblemente en verano, según informa en una nota de prensa del propio regulador.
La posible ampliación de Almaraz ha abierto una enorme brecha entre dos visiones irreconciliables de la transición energética. En el bloque de quienes defienden la extensión de la vida atómica, los argumentos económicos y laborales marcan el ritmo. Según las declaraciones de Ignacio Sánchez Galán recogido por VozpópuliLas centrales nucleares son un elemento clave para bajar el precio de la electricidad. De hecho, el presidente de Iberdrola recuerda que los paÃses europeos que carecen de este tipo de energÃa, como Italia y Alemania, pagan «unos 20 euros más» por megavatio hora de electricidad respecto a España y Francia.
A esta defensa de la competitividad se suma la advertencia sobre el impacto directo en el bolsillo del consumidor final. Un informe reciente de la OBS Business School Alertan que si Almaraz cierraLa inevitable dependencia del gas incrementarÃa la factura eléctrica en torno a un 23% para los hogares –entre 150 y 250 euros más al año– y hasta un 35% para la industria. Más allá del recibo, está el factor territorial. El Colegio de Ingenieros Industriales, en declaraciones a El periódico de la energÃaRecordemos que esta planta no sólo genera el 7% de la electricidad de toda España, cumpliendo con los más altos estándares internacionales de seguridad (WANO 1), sino que también es un motor económico vital para sostener 4.000 empleos directos e indirectos que frenan la despoblación en la región.
Sin embargo, contra esta posición se alza un sólido muro de detractores que ven la prórroga como un peligro inminente para la transición verde. Una investigación conjunta de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), preparado en nombre de GreenpeaceConcluye que prorrogar Almaraz sólo tres años supondrÃa «un alivio momentáneo, un daño estructural». Los investigadores calculan que esta decisión costarÃa a los consumidores un sobrecoste acumulado de 3.831 millones de euros de aquà a 2033 y frenarÃa hasta 26.129 millones de euros en inversiones destinadas a nuevas energÃas limpias.
De paz verde ellos también señalan al llamado «efecto enchufe»: dado que la energÃa nuclear es una tecnologÃa inflexible que produce equipos fijos independientemente de la demanda, a menudo nos obliga a desconectar o desperdiciar energÃa renovable, gratuita y limpia, en épocas de mucho sol o viento. Esta situación genera un clima de enorme preocupación en el sector verde. En una entrevista con InfoLibrePedro Fresco, director general de la patronal valenciana de renovables Avaesen, advierte de que conceder una «miniprórroga» de tres años serÃa el peor escenario posible. En su opinión, este movimiento enviarÃa un mensaje de total incertidumbre a los inversores, amenazando con frenar en seco el desarrollo de futuros proyectos renovables.
El «Efecto Dominó»: reescribiendo el mapa energético
El verdadero trasfondo de esta batalla es que Almaraz no es una pieza aislada. Como advierten varios expertos él Faro de Vigo y yl Periódico de ExtremaduraRetrasar el cierre de la planta de Cáceres desatarÃa un «efecto dominó» imparable en todo el territorio nacional.
Si Almaraz se retrasa a 2030, su cierre coincidirÃa en el tiempo con el de Ascó I (Tarragona) y Cofrentes (Valencia). Las eléctricas suponen que el Gobierno también tendrÃa que posponer estos cierres para evitar solapar el gigantesco y complejo trabajo de desmantelar cuatro reactores simultáneamente. Esto también obligarÃa a retrasar mucho más allá de 2035 los cierres de Ascó II, Vandellós II y Trillo, haciendo saltar por los aires el actual Plan Nacional Integrado de EnergÃa y Clima (PNIEC).
La decisión final está en manos del Ejecutivo, que de momento mantiene su postura. El Gobierno ha marcado tres lÃneas rojas innegociables para aceptar cualquier cambio: que garantice la seguridad radiológica, la seguridad del suministro y, sobre todo, que no cueste un euro más a los consumidores ni suponga reducciones de impuestos a las eléctricas.
Y aquà es donde se cierra el cÃrculo. Como insiste Galán VozpópuliLas plantas soportan una enorme carga fiscal de «30-35 euros por megavatio hora». Sin una reducción de impuestos, las empresas eléctricas amenazan la viabilidad económica; pero sin rentabilidad, es el propio mercado el que, como ocurrió en la madrugada del 3 de marzo, expulsa los reactores apagándolos de forma natural.
Imagen | Foro Nuclear
| La gran «baterÃa» de España está al 117%: los embalses tienen tanta agua que desconectan las centrales nucleares