Desde los tiempos de la Hispania romana muchas cosas han cambiado en la península, pero hay algo que permanece inalterable, inmune al paso de los siglos y a la caída de los imperios: lo que se come está directamente relacionado con la cantidad de dinero que se tiene en el bolsillo. Cuantos más ceros haya en el banco, mayor será la probabilidad (probabilidad) de que comas alimentos de mejor calidad.
Sucede hoy y sucedió en el siglo V, en tiempos de el pueblo de nohedaasentamiento ubicado a 18 km de lo que hoy es Cuenca. Al analizar sus restos, los arqueólogos han comprobado que lo que comían sus propietarios no tenía nada que ver con la dieta con la que subsistían esclavos y trabajadores.
En un lugar de Castilla-La Mancha… Se encuentra uno de los yacimientos romanos más fascinantes de la península: la antigua pueblo de nohedasituada a poco menos de 20 kilómetros de Cuenca y que estuvo habitada entre los siglos I a.C. y VI d.C. Quizás no sea el más conocido de España, pero el enclave destaca por varios motivos, principalmente, como recuerda desde el centropor albergar «uno de los mosaicos figurativos más espectaculares del Imperio Romano».
Otra de las particularidades de Noheda es que se trata de un yacimiento relativamente ‘joven’. Que hubiera un asentamiento romano en la zona era algo conocido desde la antigüedad: Se conserva un mapa de 1554 en el que ya se cita la zona como «Villar de la Vila» y referencias de 1893 sobre el conjunto y sus mosaicos. Sin embargo, la fase de estudios más detallados es recientelo que ha permitido a los expertos escudriñar sus restos con las herramientas que ofrece la ciencia moderna.
¿Qué comían sus habitantes? En Noheda, los investigadores no sólo han encontrado una zona termala impresionante mosaico conservados y restos de lo que fue la zona residencial (par urbano) y casas de agricultores (parte rústica). Los arqueólogos también han encontrado una gran cantidad de huesos, vasijas con restos orgánicos y una pequeña necrópolis, piezas aparentemente inconexas pero que, juntas, esconden la respuesta a una pregunta fascinante:
¿Qué comían los habitantes del pueblo? Y, sobre todo, ¿existieron diferencias entre los par urbano y el rústico? ¿Varía mucho la dieta entre ricos y humildes?
Ciencia al rescate. Para responder a estas incógnitas, los arqueólogos han tenido a su disposición una amplia (y sobre todo diversa) caja de herramientas. Que las preguntas estén planteadas hoy, en pleno siglo XXI, les ha permitido recurrir a técnicas que analizan semillas, restos de madera, polen, huesos, colágeno humano… una amplia amalgama de pistas que incluyen, recordar el pais Miguel Ángel Valero, director del yacimiento, restos de ostras o incluso huesos de aves en los que aún se pueden observar dientes de humanos y perros.
Dime que clase social eres… Y te cuento lo que comes, que es básicamente lo que han estado analizando los arqueólogos de Noheda, donde han constatado las claras diferencias que existían entre las familias más adineradas, alojadas en las par urbanoy los esclavos y trabajadores del campo que vivían en el parte rústica.
La investigación también ha arrojado conclusiones sorprendentes, como la que avanzó hace unos días la cadena SER. En la localidad los expertos han encontrado restos que nos hablan de un alto consumo de carne de burro joven.
¿Es algo nuevo? Sí. Y no. Los arqueólogos sabían que en la antigüedad tardía se consumía este tipo de carne, sobre todo entre las clases más humildes, pero era una práctica poco conocida en la península. El estudio de los restos ha revelado también patrones cinegéticos y agrícolas y, sobre todo, cómo los lugareños adaptaron su dieta a la decadencia del pueblo.
Como explica valerosu objetivo no es sólo asomarse a la vida de lujo de los potentados del pueblo, sino comprender la rutina de la «gente corriente» y de aquellos vecinos que repoblaron los edificios abandonados.
¿Y qué comieron? Sabrosos guisos o carnes masticables. Depende. Las familias adineradas deleitaban sus paladares con pescado, aves, ovejas y cabritos asados. Todo estaba bien regado con vino sirio que llegaba al pueblo en ánforas.
Si hablamos de los habitantes más humildes de Noheda, los esclavos y trabajadores del campo, la cosa era diferente. Se alimentaban de bueyes, cabras y ovejas que antiguamente se utilizaban para la agricultura o la obtención de lana y que ahora eran demasiado mayores para realizar esas tareas. Su carne era añeja y requería una cocción más prolongada que la del ganado joven reservado a los terratenientes. Para beber, en su caso optó por el vino sirio. al tonto.
Más que arqueología. El estudio de Noheda es interesante por otra razón. Además de desvelar los secretos culinarios de quienes vivieron en la villa romana entre los siglos IV y V d.C., está ofreciendo a los expertos una valiosa información que aspira a trasladarse de museos y laboratorios… a la mesa.
Al fin y al cabo, en el lugar no sólo colaboran los arqueólogos. La investigación se está llevando a cabo con la ayuda de carniceros, médicos, dentistas… y de Jesús Segura, chef al frente de un restaurante con estrella Michelin. El objetivo: que los secretos de la villa servir de base hasta platos inspirados en la Hispania romana.
Imágenes | Wikipedia 1 y 2 y Gobierno de Castilla-La Mancha (Flickr)
Vía | el pais
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