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Pensábamos que el superpoder de las ballenas era su tamaño. En realidad, es la compleja química de las heces. – Tinta clara

  • abril 9, 2026
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Cuando pensamos en las ballenas barbadas, solemos imaginarnos animales gigantes que surcan los mares y se alimentan de enormes bancos de peces, sin mucha relevancia para nosotros como

Pensábamos que el superpoder de las ballenas era su tamaño. En realidad, es la compleja química de las heces.

 – Tinta clara

Cuando pensamos en las ballenas barbadas, solemos imaginarnos animales gigantes que surcan los mares y se alimentan de enormes bancos de peces, sin mucha relevancia para nosotros como humanos. Sin embargo, han sido más importantes de lo que podemos pensar, siendo cruciales a la hora de hablar de la supervivencia de nuestros ecosistemas marinos. Y todo gracias a sus excrementos.

Lo que sabíamos. Desde hace años la ciencia sabe que las heces de ballena actuaban como fertilizante natural nivel superior. Ahora, un nuevo estudio ha sacado a la luz el sofisticado mecanismo químico detrás de este «oro flotante».

Para entender su gran importancia, debemos fijarnos en la base de la cadena alimentaria marina, que es el fitoplancton. Estas no son más que algas microscópicas que tienen la función de ser los pulmones del océano y la base de la vida marina. El ‘problema’ es que para prosperar necesitan hierro, ya que sin este mineral estas algas no pueden crecer y podrían suponer el fin de toda la vida marina.

Las heces. Aquí es donde entra en el clásico y revelador estudio dirigido por Stephen Nicol en 2010, donde se cuantificó algo sorprendente: el hierro fecal medido en las ballenas era alrededor de diez millones de veces mayor que el del agua antártica que las rodeaba. Esto era importante porque las ballenas funcionaban como una «bomba biológica», reciclando y liberando alrededor de 50 toneladas de hierro al año en las aguas superficiales antes de que la caza industrial agotara sus poblaciones.

Pero estábamos viendo que añadir hierro al mar no era suficiente, ya que tiende a hundirse o volverse inaccesible rápidamente. Entonces nos hacíamos una pregunta lógica: ¿cómo es que este fertilizante para ballenas es tan efectivo?

Ya lo sabemos. La respuesta ha llegado recientemente gracias a una investigación. publicado en Naturaleza que muestra cómo un equipo analizó cinco muestras fecales de ballenas barbadas. Aquí pudieron descubrir que el secreto de ser tan buen ‘fertilizante’ marino no está en la cantidad de metales que excretan, sino en cómo los empaquetan, ya que las heces contienen altas concentraciones de lo que en química se conocen como ligandos orgánicos.

Su función. Podemos encontrar que es doble, siendo el primero la mejora de la biodisponibilidad del hierro. Esto significa que actúa como «pinzas» moleculares que atrapan el hierro disuelto, evitando que precipite en el fondo del mar y manteniéndolo en un formato que el fitoplancton pueda absorber fácilmente.

Pero además de esto, neutraliza el cobre que está presente en el océano y que en altas concentraciones es letal para este fitoplancton. De esta forma, los ligandos presentes en las heces de las ballenas se unen al cobre, reduciendo drásticamente su toxicidad y creando un entorno seguro para el crecimiento de las algas.

Su importancia. Además de ser un dato muy curioso, la realidad es que este descubrimiento ha cambiado nuestra comprensión de la biogeoquímica del océano. Y, aunque pensemos que las ballenas no son sólo consumidoras en lo alto de la cadena alimentaria, la realidad es que son jardineras del mar, ya que fertilizan las aguas superficiales y protegen el fitoplancton esencial para el resto de animales que viven en el océano.

Pero estas floraciones no sólo alimentan a todo el ecosistema marino, sino que también capturan millones de toneladas de dióxido de carbono de la atmósfera, lo que ayuda a mitigar el cambio climático. De esta manera, las heces de las ballenas ayudan a su entorno, pero también a nosotros indirectamente.

Imágenes | Todd Cravens Annie Spratt

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