Ola invernal resalta rezago en seguros agrícolas en Colombia
– Tinta clara
febrero 16, 2026
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La emergencia climática de principios de año, que afecta a varios departamentos y municipios del país -especialmente en el norte- no sólo deja casas bajo el agua, cientos
La emergencia climática de principios de año, que afecta a varios departamentos y municipios del país -especialmente en el norte- no sólo deja casas bajo el agua, cientos de familias sin hogar y carreteras intransitables; miles de cabezas de ganado también resultaron afectadas y grandes superficies de tierras y cultivos quedaron inundadas, un cuadro que se repite cada año. Pero, además, muestra una vez más otra fragilidad estructural de la agricultura colombiana: la falta de seguros.
En Colombia, sólo entre el 2 y el 4 por ciento de las pérdidas por inundaciones están aseguradas y sólo entre el 1 y el 5 por ciento de las tierras agrícolas están cubiertas.según datos sectoriales. El contraste es llamativo: mientras el frente frío costero deja más de 231.208 hectáreas y 546.719 cabezas de ganado afectadas, la mayoría de los productores siguen expuestos y terminan recurriendo a ayudas gubernamentales.
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Las cifras de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán) son elocuentes. Según el informe “Impactos de las lluvias del Frente Frío Costero en Colombia – 2026”, en sólo ocho departamentos se registró: 27.075 predios afectados, 546.719 cabezas afectadas, 3.166 bovinos muertos, 231.208 hectáreas afectadas. Córdoba encabeza la lista con 145.638 hectáreas afectadas y más de 450.000 cabezas de ganado en riesgo.
A lo anterior se suman las advertencias de la Unidad Nacional de Gestión de Riesgos (Ungr): más de 93.000 personas han resultado afectadas, de las cuales 27.000 también solo en Córdoba. La dimensión del desastre es macroeconómica. Pero la protección financiera es mínima, advierten algunas voces expertas.
Por supuesto que sí, pero…
No es falta de instrumentos. Las primeras regulaciones de seguros agrícolas en Colombia no son recientes: datan de 1985, hace más de cuatro décadas. La expedición de la Ley 69 de 1993, que puso en marcha el Fondo Nacional de Riesgos Agropecuarios (FNRA) y el Régimen de Subsidio de Primas a las Actividades Agrícolas (ISA), marcó un importante punto de partida en esta actividad. SíSi bien las regulaciones han evolucionado, siendo la Ley 2178 de 2021 una de las últimas en brindar seguridad jurídica y financiera al sector, el balance en este frente es amargo.
En la última década, el seguro de tierras cultivables aumentó apenas un 8,7 por ciento, es decir, sólo se ampliaron 14.262 hectáreas; Sólo hay 74.887 usuarios de ISA y 91 productos cubiertos, mientras que el incentivo pagado por el Gobierno aumentó un 268,8 por ciento en los mismos 10 años, y la cobertura de las primas de las pólizas de seguros aumentó en 17 puntos porcentuales, según Finagro.
La Federación de Aseguradores de Colombia (Fasecolda) explica que en 2025 se pagaron más de 68.000 millones de pesos en siniestros, principalmente por fuertes vientos y exceso de lluvias que afectaron cultivos como plátano y banano.
«El seguro agrícola demuestra que es una herramienta actual y necesaria. Permite estabilizar los ingresos rurales y reducir la presión fiscal sobre el Estado en tiempos de crisis», afirmó el sindicato.
Sin embargo, hay una advertencia: las primas emitidas el año pasado cayeron un 18,1 por ciento desde 2024, lo que refleja restricciones presupuestarias en materia de incentivos y una fuerte dependencia de los subsidios gubernamentales.
De los 181 municipios afectados por la ola invernal, 154 productores registran pólizas de seguro agrícola en AZN, dicen voceros de Finagro, quienes explican que el valor asegurado allí es de 156.043 millones de pesos, con un subsidio de 21.343 millones, lo que indica que «por cada peso que el Ministerio de Agricultura invirtió en este instrumento de agricultura, 7 se invirtieron en inversión agrícola en 16.951 hectáreas y 1.699 animales, cubiertos por seguro.»
Pero el mercado sigue ligado al apoyo público, advierte Fasecolda, Por tanto, «el reto es pasar de un esquema reactivo en caso de desastres a uno preventivo y estructural de gestión del riesgo climático», insiste el sindicato.
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Evidencia
El caso de Córdoba ilustra bien la brecha existente. Allí, el seguro paramétrico, una de las más modernas alternativas de seguro enfocadas a los empresarios rurales, registra 2.731 asegurados, con un valor asegurado de más de 11.908 millones de pesos y una prima de 1.855 millones, de los cuales 1.615 millones corresponden al incentivo estatal, según el gremio asegurador.
El cacao lidera el camino en términos de valor protegido, seguido por las multiactividades y los pastos. Pero cuando se compara este universo con las 145.638 hectáreas afectadas y las más de 450.000 cabezas de ganado comprometidas por el departamento, queda claro que el seguro cubre sólo una fracción del aparato productivo. Aquí es donde el debate se vuelve estructural.
Inundaciones en Córdoba foto:UNGR
En 2025, el seguro paramétrico ya atendía al 53 por ciento de los fabricantes usuarios de ISA, con mayor dispersión territorial del riesgo y pago más ágil.
Su lógica difiere del modelo de seguro tradicional. En lugar de enviar reguladores para comprobar las pérdidas, el sistema utiliza mediciones satelitales para determinar si la intensidad del clima ha excedido un umbral acordado. Por ejemplo, si los milímetros de lluvia acumulados superan un parámetro establecido, se activa automáticamente la compensación, que es una de sus mayores ventajas.
El coste de no estar asegurado
En una carta enviada el miércoles pasado al Ministerio de Agricultura, Fedegan advirtió que sólo en Córdoba, Bolívar y el norte de Antioquia se vieron afectadas 8.577 fincas ganaderas, con 182.389 hectáreas afectadas y más de 493.000 cabezas de ganado sin alimentos.
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La recuperación no es inmediata, afirman los ganaderos. Una vez que el agua retrocede, hay que plantar las praderas desde cero, un proceso que puede durar al menos seis meses.. Mientras tanto, el productor tiene que alquilar pastos o comprar suplementos alimentarios, costos que se suman a la pérdida inicial.
Ante este escenario, el sindicato propone congelar los préstamos por un período de hasta un año, crear líneas a tasa cero, subsidiar insumos y eximir de impuestos a la propiedad a las víctimas de esta inesperada ola invernal en 2026.
Es un menú de emergencia necesario, pero también una señal de fondo: cuando no hay seguro, la cuenta acaba en el estado, comentan algunos observadores de esta tragedia.
Inundaciones en Córdoba afectan a ganaderos. La hierba ahora está bajo el agua. foto:Felipe Caicedo
Colombia ha avanzado en la cobertura a pequeños productores y en la inclusión de esquemas de parámetros con apoyo técnico internacional. Pero la penetración sigue siendo baja en comparación con la superficie total cultivada.
Bancamía, por ejemplo, ha diseñado microseguros paramétricos que permiten montos asegurados de hasta 5 millones de pesos, con primas a partir de 12.600 mensuales. El pago depende de la intensidad registrada por el satélite. por lo tanto, «Cuanto más fuerte sea el evento que cruza la frontera, mayor será la compensación», explican portavoces de la entidad.
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Pero el problema no es sólo financiero, sino también cultural. La percepción del seguro como un costo más que como una herramienta productiva limita su expansión. I Si bien el incentivo gubernamental facilita el acceso, también refuerza la adicción.
Falta de cultura aseguradora.
Colombia no parte de cero en materia de seguros agrícolas. Después de más de dos décadas de oferta, el instrumento existe (seguro paramétrico), cuenta con respaldo técnico e incluso respaldo internacional. Sin embargo, la penetración sigue siendo baja en comparación con la superficie total cultivada y el tamaño de los rebaños.
Córdoba: víctimas de inundaciones en Montería foto:Gobernación de Córdoba
Desde Fasecolda reconocen que el principal obstáculo no es la ausencia de un producto, sino la dificultad para consolidar una cultura preventiva sostenible en el tiempo. La disminución de las primas emitidas en 2025 refleja, según el sindicato, el ajuste de la demanda, las limitaciones presupuestarias del incentivo estatal y la alta sensibilidad de los seguros a las condiciones productivas y climáticas.
Admiten que el mercado sigue dependiendo en gran medida de las ISA. Es decir, cuando hay subsidio la cobertura aumenta; Cuando se recorta el presupuesto, la suscripción de seguros se ralentiza. Esta dinámica impide que el seguro se consolide como una decisión empresarial estructural y no como una oportunidad temporal vinculada al apoyo público.
Incluso en el caso de los seguros paramétricos, Fasecolda advierte que aún es necesario fortalecer su regulación, profundizar la pedagogía entre los productores y avanzar en la estandarización técnica para facilitar su adopción masiva. Sin claridad regulatoria y sin la apropiación del instrumento por parte de los empresarios rurales, el modelo difícilmente podrá crecer al ritmo requerido por el cambio climático.
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En otras palabras, el desafío no es sólo financiero. Es institucional y cultural. Mientras el seguro siga siendo visto como un costo adicional y no como una parte integral del plan de gestión de riesgos, el país seguirá respondiendo brindando ayuda después de un desastre en lugar de anticiparlo.
Y en un entorno donde las precipitaciones superan en un 70 por ciento los promedios históricos y los fenómenos extremos se repiten cada vez con mayor frecuencia, esta transición ya no es opcional: es estructural.
Una buena gestión de riesgos es clave
Desde el mercado intermediario la lectura es complementaria. Juan Felipe Álvarez, vicepresidente de colocación de Gallagher Insurance Brokers, recuerda que un buen número de eventos relacionados con fuertes lluvias ya están cubiertos por pólizas de daños materiales.
Inundaciones en Córdoba. foto:archivo privado
«Para los particulares, estas coberturas forman parte de una póliza de hogar; Las empresas se postulan a través de seguros PYME o pólizas comerciales modulares. En el sector agrícola existen seguros paramétricos que reaccionan cuando los cultivos se ven afectados por el exceso de lluvias”, explicó.
Es decir, la cobertura no necesariamente requiere productos adicionales específicos para la temporada de lluvias, ya que suele estar incluida en los seguros de daños materiales o patrimoniales, que incluyen sucesos naturales como inundaciones, fuertes vientos o granizo.
Sin embargo, Álvarez introduce un matiz clave en medio del debate sobre la cultura preventiva: «La cobertura no sustituye a la gestión de riesgos. Una parte importante de los mayores daños se produce cuando no se realizan las tareas básicas de mantenimiento». Canalones obstruidos, desagües sin limpiar o infraestructura rural en malas condiciones pueden amplificar los efectos de fenómenos meteorológicos que, en teoría, estaban cubiertos.