Los millennials tienen miedo de pedir pescado – Tinta clara
- diciembre 28, 2025
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«Dame un cuarto y medio de almejas y ese jurel que tiene los ojos tan brillantes». Nunca pronunciaré esa frase, que mi madre o mi abuela (femenina no
«Dame un cuarto y medio de almejas y ese jurel que tiene los ojos tan brillantes». Nunca pronunciaré esa frase, que mi madre o mi abuela (femenina no

«Dame un cuarto y medio de almejas y ese jurel que tiene los ojos tan brillantes».
Nunca pronunciaré esa frase, que mi madre o mi abuela (femenina no genérica) podrían haber dicho. Ni yo, ni mi hermana ni seguramente nadie de mi generación. Somos millennials y no hacemos un diagnóstico tan exhaustivo del estado de un pez que probablemente no sabríamos reconocer sin una etiqueta.
Mercadona lo sabe y ha movido ficha: desde este año ha cambiado su sistema de pescadería dejar atrás, o al menos reducir al mínimo, la tradicional exhibición de pescado fresco de lonja a demanda del cliente para incrementar la presencia de sus productos envasados y listos para llevar.
La compañía explica que el consumo de pescado está en caída libre con al menos un descenso del 20% y que con este cambio buscan ofrecer una experiencia más sencilla, rápida y cómoda para el cliente, evitando colas y esperas. Aunque no se especifica, este cambio implica también reducir la presencia de personal, agilizar las ventas, simplificar los procesos de suministro y logística y elevar los precios unitarios del pescado: no cuesta lo mismo pedir una dorada que un par de filetes de dorada envasados.
Esta migración, que comenzó en 2024 y que ya hicieron anteriormente con la carnicería, supone una adaptación a unos hábitos de consumo donde prima la compra del producto terminado sobre la clásica exposición. Diferente, pero acorde con su apuesta por los platos listos para consumir. Dejando de lado los evidentes beneficios del cambio para la cadena de supermercados de Juan Roig, hay una realidad: hay razones de peso para que funcione.
Las nuevas generaciones son analfabetas en materia de pescado y carne. Por lo tanto, hemos perdido términos específicos de especies o partes (desde el costado o el cuello del pescado hasta la rodilla de la carne) para algo mucho más genérico como «filetes para el horno». Pero tampoco es extraño: salvo excepciones, preferimos las piezas ya hechas a tratar con el animal entero. Vale recordar aquel video viral de un joven disgustado y con náuseas por tener que limpiar un pollo.
Sin embargo, esto se aplica más a la carne que al pescado, donde históricamente en la pescadería se desmorona para luego poder utilizar esa merluza entera: la cabeza para un caldo, el rabo para el horno… En cualquier caso, el aspecto eviscerado, deshuesado y perfectamente dispuesto en una bandeja se siente mucho más aséptico.
Entre una cosa y otra, no sabemos que pedir: este tiktoker cuenta Cómo por «no saber cuánto pedir acabé comprando 25 euros de merluza»«. Otro Ella aparece directamente mirando el mostrador de la carnicería con la misma cara de miedo que miran las vacas al tren y la frase “Mi mayor miedo de semi-adulta: no saber comprar en una carnicería”.
En las respuestas, alguien dice que no sabía que el salmón se vendía por pieza: «Pedí un salmón pensando que era un kilo, me dio el salmón entero (64 €). Qué vergüenza me dio». No le dije nada y me lo llevé«. Y otro más habla de pedir 50 gramos de queso en la charcutería y marcharse con toda la vergüenza y la única loncha del paquete.
Por supuesto, están todos los ingredientes para que la atención personalizada a granel desaparezca en la pescadería, siempre y cuando exista un asesoramiento profesional sobre qué corte comprar en función de lo que vas a cocinar o qué especie está de temporada, son escenarios cada vez menos frecuentes y desaparecerán a medida que las viejas generaciones den paso a las nuevas en los supermercados. Mercadona ya ha anticipado su aterrizaje.
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Portada | Mercadona y Jeremías Lazo