Con la misión Artemis II operativa alrededor de la Luna, la humanidad tiene a Marte entre sus anhelos colonizadores. Misiones pasadas y presentes, como el rover Curiosity de la NASA, tienen como objetivo analizar su superficie en busca de pistas sobre su habitabilidad pasada. Y aunque los hemos encontrado, dejan muchas incógnitas. Aún no hemos puesto un pie en Marte y ya tenemos en mente cómo construiremos casas allí (spoiler: con ladrillos y orina). Y que si algún día nace un ser humano en una posible colonia humana en Marte, no será homo sapiens en el plano antropológico.
Porque, en definitiva, si llegamos a Marte y empezamos a nacer allí, ya no seremos la misma especie: Scott Solomon, biólogo evolutivo de la Universidad Rice, lleva años estudiando esta cuestión y ha llegado a esa conclusión, que publicó recientemente en su trabajo.Convertirse en marciano«.
Si naces en Marte, no eres homo sapiens. Salomón diferencia entre los que llegan desde la Tierra a Marte y sobreviven allí, aquellos colonos que llegan al planeta rojo con un cuerpo moldeado aquí por millones de años de evolución. Pero sus criaturas y sus criaturas no tendrán la misma suerte. En definitiva, será el principio del fin del homo sapiens.
Marte tiene el 38% de la gravedad de la Tierra, radiación dos o tres veces mayorno hay campo magnético protector ni la biosfera microbiana con la que nuestro sistema inmunológico Estaba evolucionando. Todo lo anterior constituye un motor de cambio y evolución biológica que ha marcado nuestra anatomía y también su ausencia.
¿Por qué es importante?. La biología evolutiva tiene un nombre para lo que sucederá: especiación alopátrica. Es decir, cuando una población queda aislada y se desarrolla en un nuevo entorno, la selección natural y la deriva genética siguen su curso dentro de la adaptación al medio respecto de la población original (en este caso, las que permanecen en la Tierra).
El paso del tiempo puede hacer que ambos grupos se vuelvan tan diferentes que sean otra especie, una nueva especie humana. Y sucedería algo paradójico: al buscar planetas distintos a la Tierra como alternativa para seguir preservando la especie, dejaríamos de ser los mismos.
Contexto. No es necesario acudir a las generaciones futuras para ver las consecuencias de la vida espacial. Hay evidencia de astronautas en la ISS que han sufrido pérdida ósea acelerada, atrofia muscular, problemas cardiovasculares, problemas de visión y estrés. Incluso su sangre está mutando. Las criaturas nacidas allí desarrollarán su esqueleto y su sistema nervioso directamente en estas condiciones.
Salomon ofrece cambios concretos: huesos más densos y más cortos, mayor producción de eumelanina (un tipo de melamina responsable de la coloración oscura) como protección contra la radiación, un sistema inmunológico calibrado para el ambiente cerrado de la colonia y potencialmente vulnerable a enfermedades comunes en la Tierra. Sin embargo, el punto más delicado es la reproducción: no sabemos con certeza si los humanos podrán concebir, gestar y dar a luz con éxito en Marte. Experimentos con mamíferos en microgravedad. estan preocupados. El biólogo también anticipa que el parto en Marte sería inevitablemente quirúrgico: la menor densidad ósea y la atrofia muscular lo convierten en una actividad aún más riesgosa.
¿Qué pasará después? Para Salomón hay dos posibilidades: Dejemos que la selección natural siga su curso y dé forma a las generaciones futuras. La segunda es recurrir a la ingeniería genética: adelantarse al problema antes de enviarlos allí. En cualquier caso, el resultado macro es el mismo: dos ramas de la humanidad evolucionando por caminos separados, en condiciones diferentes y en mundos diferentes.
Un futuro distópico de genética y ética. Cabe señalar que se necesitan miles de generaciones para que se produzca la especiación, lo que da tiempo suficiente para que la humanidad tome medidas, como viajes frecuentes o reproducción asistida con material genético transferido. O que la ingeniería genética pisa tanto el acelerador que la selección natural pasa a un segundo plano.
Aquí también entra la ética: si un niño o una niña nace en Marte y no puede regresar a la Tierra porque su cuerpo no puede resistirlo, la humanidad habrá tomado una decisión irreversible sin su consentimiento. Salomón advierte también de esa brecha de humanidad en términos de identidad y derechos. Son preguntas que no podemos responder ahora, pero que deberían quedar claras antes de considerar seriamente la existencia de una colonia en Marte.
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