Hay imágenes que no necesitan contexto para imponerse. Saturno es uno de ellos. Basta verlo para entender por qué sigue siendo uno de los grandes protagonistas del sistema solar: por su forma, por sus anillos y por esa mezcla de aparente sencillez y complejidad que esconde. A muchos nos pasa lo mismo, nos detenemos ante cualquier fotografía nueva como si fuera la primera. Y eso es algo lógico, porque no siempre tenemos la oportunidad de observarlo con una Una comparación tan rica entre la luz visible y la infrarroja. ni acercarse, ni siquiera a través de una imagen, a lo que realmente sucede en su atmósfera.
En este caso, lo que la NASA ha mostrado No se trata simplemente de una nueva fotografía, sino de una forma diferente de observar un mismo planeta. En una sola imagen comparativa (Haga clic para descargar la imagen en alta definición.), la agencia ha reunido una observación del Hubble tomada el 22 de agosto de 2024 y otra de James Webb capturada el 29 de noviembre del mismo año, con 14 semanas de diferencia. El resultado es una doble visión que busca no tanto impresionar como explicar cómo cambia lo que vemos cuando observamos en diferentes longitudes de onda.
¿Qué estamos viendo realmente en esta imagen?
Si nos detenemos en la imagen, la diferencia salta a la vista desde el primer momento. A la izquierda, James Webb muestra un Saturno con tonos más oscuros y contrastantes, donde los anillos brillan intensamente porque están hechos de hielo de agua altamente reflectante. A la derecha, el Hubble ofrece una visión mucho más cercana a cómo la percibiríamos a simple vista, con colores suaves y bandas más sutiles. Según la NASA, ambos telescopios están observando luz solar reflejada por las nubes y nieblas del planetapero cada uno lo hace en rangos diferentes, lo que cambia radicalmente la información que brindan.
A la izquierda, la imagen de Saturno captada por el telescopio espacial James Webb; A la derecha, la obtenida por el Telescopio Espacial Hubble: dos vistas que revelan su atmósfera activa, sus lunas y sus anillos brillantes
Más allá del contraste visual, esta comparación nos permite echar un vistazo a lo que sucede dentro de la atmósfera de Saturno. La agencia explica que combinando ambas observaciones, los científicos pueden estudiar el planeta a diferentes altitudes, desde las nubes más profundas hasta las regiones más altas y difusas. En la imagen de Webb, por ejemplo, aparece una corriente en chorro de larga duración conocida como “onda de cinta” y también un remanente persistente de la gran tormenta primaveral de 2010 a 2012. El Hubble, por su parte, proporciona continuidad en el seguimiento de las bandas y de la evolución general del planeta.
Llegados a este punto conviene aclarar algo importante: no estamos ante dos fotografías que reproduzcan a Saturno de la misma manera. La diferencia está en cómo se recoge e interpreta la luz. Hubble trabaja en el espectro visible, el mismo que perciben nuestros ojos, por lo que su imagen nos resulta más familiar. James Webb, en este caso, observa en el infrarrojo, una radiación invisible para nosotros lo que permite detectar nubes y compuestos a diferentes profundidades en la atmósfera. Para poder mostrar estos datos, los científicos traducen estas señales en colores visibles, y de ahí surgen los tonos antinaturales que aparecen en su imagen.
Si trasladamos todo esto a un escenario más cercano, la referencia más fiable sería la imagen del Hubble. Eso es lo más parecido a cómo percibiríamos Saturno, con tonos suaves, bandas no muy marcadas y anillos brillantes pero naturales. Pero lo interesante no es elegir entre uno u otro, sino entender qué aporta cada mirada. La de Webb nos permite ir más allá de lo visible y detectar procesos que de otro modo permanecerían ocultos. Y es precisamente en esa combinación donde esta imagen cobra todo su significado.
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