Las fuerzas encontradas en la definición del nuevo nivel de salario mínimo que regirá en Colombia a partir del 1 de enero
– Tinta clara
noviembre 30, 2025
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Basta cambiar de acera para encontrar dos vistas diferentes a su alrededor. definen el nuevo nivel de salario mínimo que regirá en Colombia a partir del 1 de
Basta cambiar de acera para encontrar dos vistas diferentes a su alrededor. definen el nuevo nivel de salario mínimo que regirá en Colombia a partir del 1 de enero del año siguientecuyas negociaciones formales comienzan esta semana. La escena se desarrolla en una calle ubicada en el centro histórico de Bogotá, aunque seguramente sucedería lo mismo en cualquier otro lugar de similares características.
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Al lado derecho de la vía está Rolando Pérez, guardia de seguridad de un edificio cercano, de quien espera un buen aumento una vez que comience el nuevo año. «Lo que gano apenas me alcanza y uno siempre quiere vivir mejor. Espero que la adaptación sea buena», afirma.
A la izquierda está Cecilia Pachón, dueña de una pequeña peluquería que afirma que si el salto es demasiado grande no podrá contratar a alguien que reemplace a la asistente que trabajó para ella hasta hace un mes. «Con lo que tendría que pagar prefiero defenderme, aunque tenga que trabajar más, en lugar de sufrir el sueldo de alguien», apunta.
Estas consideraciones, y varias otras, deben ser tenidas en cuenta por los miembros Comisión permanente de coordinación de la política salarial y laboral que establece la ley, cuya responsabilidad central es definir el nuevo salario mínimo. Es un espacio tripartito en el que se ubican los representantes Gobierno, confederaciones laborales y asociaciones empresariales y seguir un guión establecido durante varias semanas cada año.
Aunque este año la foto inaugural lucirá la de siempre, los preámbulos del proceso sugieren que el viaje será más turbulento de lo habitual. Para empezar, nadie apuesta por un consenso como el que se alcanzó en algunas ocasiones anteriores cuando sindicatos y el sector privado lograron encontrar puntos en común.
El motivo no es más que las indicaciones dadas por el ejecutivo. Hace meses Gustavo Petro Para su despedida habló de un aumento significativo de ingresos, porque 2026 es el último año de su gestión. Poco después, el Ministro del Interior mencionó que le gustaría llegar a 1,8 millones de pesos mensuales, lo que equivale a un aumento del 11,9 por ciento respecto a lo vigente hoy: 1.423.500 pesos mínimo más 200.000 pesos correspondientes a asistencia de transporte.
Ante estas señales, no faltaron dirigentes que cuestionaron la validez de asistir al ejercicio de negociación si ya se había definido un número igual desde Palacio de Nariño. Según esta visión, será el que apruebe el reglamento antes del 31 de diciembre, independientemente de los planteamientos que ambos tengan en la mesa.
Aún con la alta probabilidad de que así fuera, los sindicatos finalmente decidieron estar presentes para cumplir con las reglas establecidas y emitir su voto. Al fin y al cabo, entablar un debate sigue siendo válido para enfrentar enfoques entre sí. Además, cumple con lo que marca la normativa.
Por eso el presidente Andi, Bruce McMasterInsiste en que «tenemos una responsabilidad entre el Gobierno, los representantes de los trabajadores y los empresarios de tomar la mejor decisión posible para Colombia». Añade que «hay que tener en cuenta el poder adquisitivo de los trabajadores y la posición de las familias, además de variables como la inflación, el empleo y la competitividad». Destaca que «es un delicado equilibrio en el que debemos esforzarnos por cumplir todos estos objetivos al mismo tiempo para crear el mayor beneficio posible».
Cartas sobre la mesa
Sobre el papel, el punto de partida de la discusión debería ser lo que indica la ortodoxia: el reconocimiento del aumento esperado en el nivel de precios más mejoras en la productividad de los trabajadores. Después del juicio de Tribunal Constitucional Estaba claro que la parte baja del ajuste debía ser, como mínimo, un aumento en el valor de la canasta familiar a fin de año. Teniendo en cuenta estos parámetros, cuando se combinan ambos factores, el aumento en esta ocasión sería cercano al 6,5 por ciento, o 1 millón 516 mil pesos mensuales sin asistencia de transporte.
Sin embargo, en la práctica los criterios que entran en la ecuación son más amplios e incluyen consideraciones políticas. Señalar flexibilidad como una muestra de empatía hacia los colombianos de bajos ingresos o un intento de moderar los impulsos ejecutivos en el pasado ha llevado a aumentos que se traducen en salarios reales (es decir, descontando el efecto inflacionario) casi 30 por ciento más altos que a mediados de la última década.
Mesa de negociaciones y consultas para el aumento del salario mínimo en 2026. foto:minjob
Decidirse en esa línea no es algo que sólo sucede en Colombia. Tanto en los países de altos ingresos como en las economías en desarrollo, existe presión para aumentar los salarios mínimos. Los más entusiastas llegan incluso a decir que podría ser una forma de acabar con la pobreza por decreto, garantizando unos ingresos dignos a quienes se encuentran en la base de la pirámide.
Pero incluso si las intenciones son loables, no debemos olvidar que el camino al infierno está empedrado con ellas. Sin dejar de lado que es válido que el Estado imponga restricciones para corregir las deficiencias que pueda tener la interacción de la oferta y la demanda laboral, el riesgo de exceso actúa en ambas direcciones.
Uno de los peligros obvios de aumentar los salarios por medios administrativos conduce a resultados opuestos a los deseados. para empezar, El apetito por crear nuevos empleos disminuye e incluso puede conducir a una disminución de los salarios.. Además, si los costes laborales son mucho más elevados, el valor de los bienes y servicios acabará reflejando esos incrementos, algo que puede provocar una auténtica espiral inflacionaria que afecte al poder adquisitivo de la población.
En América Latina abundan ejemplos de países donde la calidad de vida se ha deteriorado significativamente, debido a que los gobiernos quisieron aplicar recetas que la redujeron. Quizás por eso se ha aprendido que excederse con el medicamento a cambio de dinero aumenta el riesgo de empeorar la condición del paciente.
Después de la advertencia, son pocos en el gobierno de Pedro los que creen que vale la pena tomar el camino de la prudencia en esta materia. Una razón es que las últimas mediciones sugieren que las alarmas que se están dando son exageradas.
Como prueba se cita la buena salud del mercado laboral. Sin ir más lejos, el Dane informó esta semana que en octubre el desempleo era del 8,2 por ciento a nivel nacional y del 8 por ciento en las mayores áreas metropolitanas.
Estas cifras no sólo son muy inferiores a las registradas en el mismo periodo de 2024, sino que también son las más bajas desde que la entidad comenzó a publicar datos mensuales del mercado laboral a principios de este siglo. Como ha sucedido en otras partes del mundo donde han surgido controversias similares, las advertencias sobre el impacto negativo que los salarios regulados podrían tener en la tasa de empleo parecen infundadas aquí.
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También se insiste en que es una forma de aumentar el consumo de los hogares y la buena salud de la economía. Si la gente gana más, argumenta gente como Fabio Arias, presidente de la CUT, podrá adquirir más bienes y servicios, lo que girará en un círculo derecho a favor de la producción y el empleo.
La situación política tampoco se olvida. Con las elecciones legislativas y presidenciales a la vuelta de la esquina, el Pacto Histórico les dirá a los votantes que defendió los intereses de los trabajadores, no los intereses del gran capital.
Otras cuentas
Sin embargo, una mirada más profunda muestra que las cosas no son tan sencillas. Tanto en Colombia como en otras latitudes, la literatura académica reciente muestra que los aumentos del salario mínimo tienen consecuencias que afectan a ciertos grupos de población.
En el caso del país, el comportamiento más relevante es el trabajo informal, que incluye a aquellos trabajadores asalariados o por cuenta propia que, entre otras cosas, no están vinculados a la seguridad social. Según el Dane, entre julio y septiembre esa proporción aumentó al 55 por ciento del total de empleados en el país y al 41,6 por ciento en las 13 áreas metropolitanas más grandes.
Estudios realizados por técnicos. banco de la republica muestran que la creación de puestos formales es inversamente proporcional al aumento del salario mínimo. Uno de los segmentos más afectados por esta circunstancia son los jóvenes con bajo nivel educativo que se encuentran atrapados en la inseguridad.
Que conviven dos realidades muy diferentes es algo que confirman los datos oficiales. Por un lado, están los colombianos que reciben sus prestaciones de acuerdo a lo que marca la normativa, y que aún son una parte minoritaria del total. Por otro lado, hay quienes viven del conocido rompecabezas, que también incluye trabajos a vapor.
Como mostró la Encuesta Integrada de Hogares del Gran Danés, a mediados de este año el ingreso medio del trabajo de los trabajadores no remunerados era de 938.208 pesos mensuales, muy por debajo del mínimo establecido. La brecha es particularmente notoria en el campo, donde la determinación de los salarios se ajusta a las realidades locales, circunstancia que ha llevado a los expertos a insistir en la necesidad de determinar las diferencias de remuneración entre las zonas rurales y urbanas.
Pero más allá de esa discusión, los expertos en el tema insisten en que elevar el listón mínimo más rápido de lo recomendado supone dejar atrás a una parte importante de ciudadanos que nunca podrán saltar de un peldaño a otro. Por si fuera poco, esta circunstancia puede afectar desproporcionadamente a los más pobres.
de lo contrario, Aquellos con empleos formales pueden beneficiarse, como los trabajadores sindicalizados cuyos aumentos salariales están vinculados a un comportamiento mínimo. Incluso aquellos que ganan mucho más y tienen poder de negociación en su empresa acaban haciendo ajustes importantes en algunas ocasiones.
No podemos olvidar el riesgo de acelerar la inflación en un país donde existe un fenómeno conocido como indexación, porque una serie de tarifas y servicios están expresados en salarios mínimos, lo que provoca una especie de bola de nieve. Los precios más altos reducen el poder adquisitivo de todos, pero afectarán a los más vulnerables.
Vale la pena tener en cuenta estos elementos, incluso a la luz del último informe sobre empleo. Del aumento de casi un millón de empleados entre octubre de 2025 y el mismo mes del año pasado, cerca de tres cuartas partes corresponden a categorías relacionadas con la informalidad.
En este sentido, José Ignacio López, presidente de Anif, enfatiza los riesgos actuales. Para el experto, «aumentos significativos en el salario mínimo pueden elevar el umbral de ingreso a la formalidad, dejando a muchos trabajadores en empleos informales y contribuyendo a una inflación más rígida, superior a la meta del Banco de la República».
Y a lo anterior se suman preocupaciones de otro tipo. «En el contexto de la campaña 2026, insistimos en que la discusión del salario mínimo debe quedar en el terreno técnico, y que en la mesa de negociación deben prevalecer los argumentos y análisis, y no el uso electoral de este tipo de decisiones», concluye López.
Queda por ver si este llamado al sentido común tendrá eco en una administración que no está asumiendo el papel de compromiso amistoso que ha tenido en otras ocasiones. Lo único que podría moderar los impulsos es el efecto en las finanzas públicas, pues cada punto de aumento en las arcas del gobierno vale un billón de pesos. Pero las señales no son muy alentadoras, y menos aún en las condiciones actuales en las que el populismo está rampante.