la mujer que huyó de la violencia de los Montes de María y hoy triunfa con restaurantes en Cartagena
– Tinta clara
marzo 24, 2026
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A los ocho años, cuando muchos niños apenas están descubriendo el juego, Jaris Julio Díaz ya estaba aprendiendo a trabajar. Su historia comienza en una acera. El Carmen
A los ocho años, cuando muchos niños apenas están descubriendo el juego, Jaris Julio Díaz ya estaba aprendiendo a trabajar. Su historia comienza en una acera. El Carmen de Bolívar, en el corazón de la Montes de María, una región marcada durante décadas por la violencia, el abandono del Estado y las oportunidades limitadas.
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Allí, entre cultivos y caminos difícilessu abuela paterna sembró una de las enseñanzas que definirían su vida: “que no sea una vergüenza trabajar, que sea una vergüenza hacer cosas malas”. Fue esa frase la que empujó a Jaris a salir casa por casa vComo aguacates, frijoles, miel. o lo que estuviera disponible.
Al principio, recuerda, se sintió avergonzado. Pero pronto comprendió que Ese ejercicio no sólo le dio ingresos, sino también una habilidad clave.: la capacidad de vender, de comunicar y de creer en lo que ofreces. Sin saberlo, estaba formando el personaje de una futura empresaria.
Raíces profundas: el valor del campo y la conexión con el origen
Los sabores del campo se transforman hoy en platos únicos en los restaurantes del centro histórico. Foto:Cortesía
Creció viendo a su padre trabajar la tierra. La agricultura no era sólo un trabajo: era supervivencia. Sembrar, cosechar y Transportar productos en una región sin carreteras ni sistemas de riego fue un acto de resistencia diaria.
Esa cercanía al campo dejó una huella imborrable. Los sabores de su infancia como El arroz con frijoles, el ñame, las semillas de sésamo y el cacao no eran alimentos simples: Eran memoria, identidad y cultura.
Su crianza también estuvo marcada por su abuela, quien se hizo cargo de su formación tras la separación de sus padres. fue ella quien Él le enseñó a cocinar en una estufa de leña, a lavarse, a ser disciplinada. A los nueve años, Jaris ya preparaba arroz sobre tres piedras y leña, aprendiendo a base de prueba y error.
“Desde pequeña entendí que la vida no era fácil y que si quería algo tenía que trabajar por ello”. Ese ambiente duro pero formativo formó una mentalidad clara: Salir adelante era una obligación, no una opción. Con esa convicción, Jaris tomó una decisión que cambiaría su vida: no te quedes en tu ciudad. Terminó la escuela y emigró primero a Barranquilla, luego a Cartagena y luego a Bogotá.
Fue en la capital donde se produjo otro punto de quiebre: conoció a su esposo, el chef Jaime Galindo Cuervo. Con él no sólo construyó una familia, sino también un proyecto de vida.
El mundo de la gastronomía se abrió ante ella. Mientras él perfeccionaba su técnica en la cocina nacional e internacional, ella empezó a comprender cómo estos productos de su tierra podían tener un hueco en propuestas culinarias de alto nivel. “Nací en los Montes de María y crecí viendo a mi padre trabajar la tierra. Sé lo que cuesta cada cosecha y lo difícil que es hacerla despegar”, dice Jaris.
La vuelta con propósito: llevar los Montes de María a la mesa
Partiendo de la tradición: así convirtió su historia en una exitosa propuesta culinaria. Foto:Cortesía
Al regresar a Cartagena, la idea tomó forma: traer productos de los Montes de María para consumo propio. Pero pronto esa intención creció. Así nació Jaris Market, un emprendimiento dedicado a conectar a los agricultores con hoteles, restaurantes y hogares de la ciudad. Lo que comenzó como una pequeña iniciativa, hoy impacta a más de 120 familias a través de asociaciones agrícolas.
No se trata sólo de vender comida, sino de dignificar el trabajo campesino, acortar la cadena y garantizar que cada producto tenga un origen claro. Clientes del sector hotelero y gastronómico comenzaron a valorar esta propuesta, no sólo por su calidad, sino por su historia.
No se trata sólo de vender comida, sino de dignificar el trabajo campesino, acortar la cadena y garantizar que cada producto tenga un origen claro. Clientes del sector hotelero y gastronómico comenzaron a valorar esta propuesta, no sólo por su calidad, sino por su historia.
Cada plato homenajea a los agricultores de los Montes de María que cultivan con esfuerzo y tradición. Foto:Cortesía
Con esa base, el siguiente paso fue natural: crear sus propios restaurantes. La primera, ‘Bistró informal local’, Un bistró caribeño de autor, apostó por sabores únicos que mezclan técnicas modernas con ingredientes tradicionales. Cada plato cuenta una historia, cada ingrediente tiene un origen.
el segundo restaurante ‘Sambal Caribe Bistro’, Con un enfoque más desenfadado, abrió las puertas a un público más amplio, democratizando el acceso a esta propuesta gastronómica sin perder identidad.
“Cada plato que servimos tiene al menos un ingrediente de los Montes de Maríaporque no quiero perder esa conexión con mi origen. No ha sido fácil posicionarnos en Cartagena, pero con constancia y fe lo hemos conseguido”, detalla sobre sus restaurantes como una experiencia para los comensales.
Ambos están ubicados en Getsemaní, una de las zonas más dinámicas y competitivas de Cartagena. Llegar allí no fue fácil, pero Jaris lo logró a través de disciplina, estrategia y resiliencia.
Los desafíos invisibles: sostenerse en un entorno competitivo
De vender aguacates a restaurantes líderes: una historia de esfuerzo, fe y resiliencia Foto:Cortesía
Detrás del éxito hay una realidad menos visible: Altos costos, deudas, obras urbanas que afectan el flujo de clientes. y la presión constante del mercado. Mantener un restaurante implica pagar alquiler, servicios, nómina, proveedores. Vender o no vender, los gastos continúan.
Jaris y su marido han tenido que recurrir a préstamos y ajustes constantes para sostener el negocio. Pero también han encontrado un equilibrio clave en su relación: él es el encargado de la operación y de los números; ella, la estrategia comercial y la visibilidad.
Ese trabajo en equipo ha sido decisivo.
“Hoy estamos en otra etapa: mostrar lo mejor de nuestra tierra y que la gente lo valore en cada plato. Sí se puede salir adelante, pero hay que ser resiliente, tener fe y rodearse de las personas adecuadas”, detalla Jaris Julio.
Aunque hoy su historia es inspiración, Jaris no olvida el contexto del que viene. Los Montes de María fueron escenario de violencia y desplazamiento, y muchas de esas heridas aún están presentes.
Es por eso, Su proyecto no es sólo empresarial: es también una forma de transformación social. Cada plato servido en sus restaurantes representa una cadena de esfuerzo, resiliencia y esperanza campesina.