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la interminable historia del Algarrobico – Tinta clara

  • diciembre 31, 2025
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Llegará un día en el que derribarán el edificio más feo, en el sentido más amplio de la palabra, jamás perpetrado en la costa de España. En el

la interminable historia del Algarrobico

 – Tinta clara

Llegará un día en el que derribarán el edificio más feo, en el sentido más amplio de la palabra, jamás perpetrado en la costa de España. En el Playa del Algarrobicoen Carboneras, en pleno Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, lleva más de veinte años en pie una masa de concreto que nunca abrió sus puertas y acabó convirtiéndose en el símbolo más reconocible del desastre urbanístico español.

El monumento imposible. El hotel de veinte plantas y más de cuatrocientas habitaciones nació en los años del boom inmobiliariocuando la fiebre constructora parecía no reconocer límites legales ni medioambientales, y acabó literalmente encajada en la arena de una de las playas vírgenes más valiosas del Mediterráneo.

Hoy, oxidado, agrietado y abandonado, sigue ahí como una anomalía física y moral: un edificio declarado ilegal por los tribunales, rechazado por la sociedad y, sin embargo, extraordinariamente resistente a desaparecer.

Una aberración irreconciliable. El contraste por sí solo explica el escándalo. Cabo de Gata-Níjar es uno de los espacios naturales más singulares de la Península Ibérica: Reserva de la Biosfera por la UNESCO, espacio ramsarRed Natura 2000 y candidato recurrente a parque nacional por la excepcionalidad de sus paisajes volcánicos, su biodiversidad terrestre y marina y sus praderas de Posidonia, entre las mejor conservadas del Mediterráneo.

En este entorno de calas, dunas, acantilados y fauna protegida, el Algarrobico irrumpe como un cuerpo extrañovisible a kilómetros de distancia, provocando incredulidad en los visitantes y vergüenza de los demás entre quienes conocen la historia. Lo que debería haber sido un paraíso natural acabó albergando uno de los mayores ataques medioambientales en la costa española.

Licencias, planes falsos y tonterías. El origen del problema se remonta a finales de los noventa y principios de los dos mil, cuando la promotora Azata del Sol tengo una licencia de obras por parte del Ayuntamiento de Carboneras con el aval inicial de la Junta de Andalucía.

Dicha autorización se basó en una modificación irregular del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de Cabo de Gata, en el que se sustituyó un plan sin seguir el procedimiento legal ni publicarse en el BOJA, reclasificándolo de facto como urbanizable. un suelo protegido. Años más tarde, la Fiscalía señalaría que, de haber habido errores técnicos, la única vía legal habría sido una modificación formal aprobado por el Consejo de Gobierno de Andalucía. Ese atajo administrativo abrió la puerta a una construcción que nunca debió comenzar.

Un laberinto judicial. Desde que en 2006 un tribunal ordenó detener las obras Cuando el hotel estaba casi terminado, el Algarrobico se convirtió en un caso judicial sin fin. Más de una decena de sentencias del Tribunal Supremo, resoluciones del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y pronunciamientos reiterados han concluido que el hotel fue construido en un terreno protegido y debe ser demolido.

Sin embargo, cada fracaso abrió una nuevo camino de bloqueo. El Tribunal Supremo llegó a señalar que antes de derribar era necesario cancelar formalmente la licencia municipal, obligación que el Ayuntamiento de Carboneras incumple desde hace años pese a las exigencias judiciales. El resultado ha sido un callejón sin salida en el que nadie parecía tener la llave definitiva.

Responsabilidades. en este lío han vivido juntos Desde hace años la inacción municipal, los cambios de postura de la Junta de Andalucía y los repetidos anuncios del Gobierno central. Protocolos firmados, compromisos públicos y promesas políticas se sucedieron sin que la masa desapareciera.

Mientras tanto, las organizaciones como paz verdeEcologistas en Acción y WWF se mantienen vivos presión social y legalllegando incluso a llevar el caso a organismos europeos y denunciar que El Algarrobico no era una anomalía aislada, sino el emblema de un modelo que dejó cicatrices similares en muchas otras costas españolas.

La ruta de la expropiación. El cambio más relevante se produjo cuando el Gobierno decidió activar el camino de la expropiación de los terrenos que invaden el dominio público marítimo-terrestre. En febrero de 2025 fue declarado utilidad publica de dichas parcelas y se inició el procedimiento para ocuparlas y proceder a su demolición. La promotora Azata del Sol intentó frenar el proceso con un recurso, pero en agosto de 2025 el Ministerio para la Transición Ecológica él lo rechazócerrando la vía administrativa y acelerando los plazos.

La Administración sostiene que no existe indefensión, que la causa expropiatoria está claramente motivada y que el interés general de restaurar un espacio protegido justifica la actuación. Con esta decisión, el Ejecutivo está cada vez más cerca de cumplir su compromiso de derribar al menos la parte del hotel situada en los primeros cien metros de la costa.

La historia de nunca acabar. Aunque la desestimación del recurso acerca el derribo, el procedimiento continúa siendo complejo. La determinación del precio justo, la posibilidad de recursos judiciales y la coexistencia de dos vías diferentes (la expropiación estatal y la anulación de la licencia municipal, defendida por la Junta) mantienen abierto el riesgo de nuevos retrasos.

El Gobierno puede ocupar el terreno por interés social, destinar una cantidad y continuar, pero el promotor aún podría venir a los tribunales. Paralelamente, el Ayuntamiento de Carboneras, presionado por el TSJA, ha iniciado finalmente la revisión de la licencia, un proceso que, según los ambientalistaspodría encallar si no hay una voluntad política real.

Un símbolo que trasciende el propio edificio. Más allá de plazos y tecnicismos, El Algarrobico se ha convertido en algo más que un hotel ilegal. Es el recordatorio permanente de una época en la que eel lema implícito fue “constrúyelo, algo queda”, y cómo la falta de controles efectivos permitido violar la ley incluso en espacios naturales de máximo valor.

Su demolición no es sólo una cuestión estética o medioambiental, sino un gesto de reparación institucional y credibilidad del Estado de derecho. Mientras el edificio siga en pie, seguirá proyectando la idea de que la ilegalidad puede perdurar indefinidamente.

Veinte años después, el resultado parece más cerca que nunca, aunque la historia de Algarrobico invita a la cautela. Si finalmente cae, no será sólo el derribo de un hotel, sino el cierre simbólico de una de las páginas más oscuras (y feas) del urbanismo español.

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