Un vídeo viral donde una joven española se queja de la dificultad para leer el clásico romántico ‘Cumbres Borrascosas’ ha desatado un debate generacional sobre la comprensión lectora. Pero más allá de la polémica, los datos muestran un problema real: las habilidades lectoras están cayendo en todas las generaciones, siendo los nativos digitales el sector de la población más especialmente afectado.
El vídeo. Dura apenas dos minutos.pero lleva días generando debate. Una chica de 25 años se queja, con su ejemplar de ‘Cumbres borrascosas’ en la mano, de que el lenguaje le parece arcaico, necesita consultar el diccionario constantemente para entender términos como «estaño» o «por excelencia», y calcula que tardará meses en terminarlo. El vídeo ha acumulado millones de visualizaciones y ha desatado una guerra generacional en las redes sociales: ¿cómo es posible, dicen los más veteranos, que un estudiante universitario no conozca palabras de uso relativamente común o no esté acostumbrado a consultar un diccionario?
La conversación no debe limitarse a señalar culpas y diferencias entre niveles educativos. Estamos ante un relevo generacional que alude a cómo se procesa el lenguaje escrito, y ‘Cumbres Borrascosas’ se ha convertido en el campo de batalla accidental en el que explorar esa transformación.
Nuevos tiempos. Existe una brecha entre la narrativa contemporánea dirigida a un público joven y los clásicos de la literatura. La prosa para adultos jóvenes (YA), un género que atrae a millones de lectores en las redes sociales (un hecho(El 55% de los lectores que navegan por TikTok tienen entre 18 y 34 años, y el 78% son mujeres) prioriza la inmediatez, los diálogos ágiles y las descripciones directas. Es literatura diseñada para un consumo rápido, en sintonía con ritmos digitales. Emily Brontë, por su parte, escribió para lectores victorianos acostumbrados a largas cláusulas subordinadas, descripciones detalladas y un vocabulario que suponía cierta educación formal. La distancia es a la vez temporal y estructural: diferentes arquitecturas narrativas para cerebros entrenados de manera diferente.
Los datos. El viral de TikTok podría interpretarse como una anécdota aislada, pero un estudio reciente de la Fundación BBVA elaborado por investigadores españoles con datos internacionales del Programa para la Evaluación Internacional de Competencias de Adultos (PIAC). Revela una disminución progresiva de las habilidades numéricas y de lectura desde la generación Millennial: los nacidos después de 1980 muestran habilidades cognitivas significativamente más bajas que los Baby Boomers y la Generación X cuando tenían la misma edad.
Según el estudio, la Generación Z obtiene puntuaciones en comprensión lectora hasta 20 puntos por debajo de la Generación Pruebas estandarizadas PIAACque evalúan la capacidad de comprender, interpretar y utilizar información escrita. La brecha se amplía en habilidades numéricas: los jóvenes nacidos después de 1995 muestran dificultades para interpretar gráficos, calcular porcentajes o resolver problemas matemáticos básicos aplicados a situaciones reales. El deterioro es sistemático y afecta también a los países desarrollados con sistemas educativos avanzados.
Ojos que no ven. El estudios de seguimiento ocular del grupo Nielsen Norman documenta cómo los usuarios leen en Internet siguiendo un patrón F: dos barridos horizontales en la parte superior, seguidos de un rápido barrido vertical en el lado izquierdo. La lectura se convierte en un seguimiento selectivo de palabras clave. Este comportamiento, típico de la navegación por Internet, no es apropiado para textos complejos que requieren seguir argumentos desarrollados en varias páginas. La arquitectura de la atención cambia: nos movemos desde una inmersión profunda hasta un escaneo superficial.
La culpa de las redes sociales. Las plataformas digitales están diseñadas para captar la atención a través de contenidos breves y llenos de dopamina. Los algoritmos premian vídeos de 15 segundos, imágenes llamativas y textos que se consumen de un vistazo. La economía de la atención no fomenta la profundidad, y leer ‘Cumbres Borrascosas’ requiere lo contrario: concentración sostenida, tolerancia a la ambigüedad, la capacidad de memorizar información mientras se construye un significado acumulativo. Son habilidades que se atrofian sin entrenamiento.
Si las nuevas generaciones muestran déficits sistemáticos en estas áreas, las consecuencias trascienden el debate sobre si alguien puede leer o no un clásico victoriano. Afectan a cómo procesamos información de todo tipo: médica, jurídica, financiera, política… La joven del vídeo viral puede ser síntoma de algo más preocupante que la incapacidad de leer textos con vocabulario inusual.
¿Facilitar el acceso? Esta controversia abre multitud de subcontroversias tremendamente fascinantes: ¿educar mejor o facilitar el acceso a textos complejos? Por ejemplo, Penguin Random House lanzó su colección en el Reino Unido en 2019. Biblioteca inglesa de pingüinos con traducciones actualizadas de clásicos, manteniendo el significado original pero eliminando giros lingüísticos obsoletos que ralentizan la lectura. Los también británicos La escuela de la vida Publicó versiones «traducidas al inglés moderno» de filósofos como Schopenhauer y Nietzsche. Y aparentementeestas ediciones vendieron un 40% más que las versiones tradicionales entre lectores menores de 30 años durante el año 2020-2021.
Pero también existe el contraargumento de que simplificar el lenguaje empobrece la experiencia de lectura. Los clásicos no son sólo argumentos o temas que puedan transportarse a cualquier envoltorio. Por ejemplo, la prosa de Brontë, con sus laberínticas cláusulas subordinadas y su vocabulario intrincado, crea atmósfera y ritmo. Eliminar esa complejidad para «hacerla más fácil» de leer es como reducir la duración de una sinfonía de música clásica porque los oyentes de hoy prefieren canciones de tres minutos. La búsqueda tal vez debería ser mejorar la formación lectora, no ajustar los textos al lector menos preparado.
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