Durante años repetimos una idea que parecía indiscutible: “el software se estaba comiendo el mundo”. Era la forma más directa de explicar por qué casi cualquier sector acababa dependiendo de una app, una plataforma o un servicio en la nube. Pero algo está empezando a cambiar silenciosamente y, al mismo tiempo, tremendamente ambicioso: la revolución de la inteligencia artificial no sólo está transformando industrias enteras, sino que también está presionando a la industria del software desde dentro. La pregunta que comienza a surgir es delicada y fascinante al mismo tiempo: si la IA puede construir herramientas personalizadas en cuestión de momentos, ¿qué sentido tiene seguir pagando por un software rígido y estandarizado que funciona, sí, pero que a menudo lo obliga a funcionar como dicta la plataforma?
Este es el punto en el que el debate se vuelve realmente serio: no se trata de una mejora incremental, sino de cuestionar el modelo actual como estándar para el software empresarial. La lógica es agresiva, al menos sobre el papel. Por lo tanto, podríamos estar ante un cambio potencialmente masivo. Y sí, “potencialmente” es la palabra clave: hay razones para pensar que esto puede suceder, y razones igualmente poderosas para creer que puede suceder con límites muy reales.
El software en tiempos de la inteligencia artificial
Todo esto puede girar en torno a una pregunta muy terrenal: ¿qué estás pagando cuando pagas por el software? Hasta ahora, el precio incluía la construcción de la herramienta, su evolución y el coste de hacerla lo suficientemente genérica para venderla a miles de empresas. Si la IA comprime esa parte y permite generar código rápido y baratoel valor migra a otros lugares: diseño de flujo, integración real con los sistemas de negocio, resultados medibles. Bret Taylorfundador y CEO de Sierra y parte de la junta directiva de OpenAI, Insiste en que el foco debe estar en el valor que recibe el cliente.no en la tecnología por la tecnología.
Hasta ahora, para la mayoría de las empresas, el mapa era bastante reconocible: o comprabas una herramienta preempaquetada y asumías sus reglas, o encargabas un desarrollo personalizado, generalmente más lento y costoso, pero más adaptado a lo que necesitabas. Lo que introduce la IA es una alternativa que, sobre el papel, rompe el equilibrio: en lugar de elegir un software, bastaría con explicar el problema y dejar que un agente construya un sistema personalizado, lo implemente y lo ajuste a medida que cambian los procesos. Bret Taylor lo describe a partir de la experiencia de Sierra con los agentes de atención al cliente: “Nuestra hipótesis es que, si avanzamos cinco años, la gran mayoría de las interacciones digitales serán a través de un agente”. Si eso es cierto, la interfaz dominante de muchas empresas ya no sería una plataforma tradicional.
Lo más importante es que esta conversación ya no se produce únicamente en conferencias o presentaciones para inversores. Hay signos prácticos de que el paradigma está, como mínimo, surgiendo: la llamada “vibe coding” se ha convertido en una realidad para muchos usuarios que no son desarrolladores, capaces de crear un sitio web o herramientas que describen lo que quieren con texto. Plataformas como European Lovable han llevado esa idea al público en general: menos barreras técnicasiteración más rápida, menos “proyecto” y más prueba y error. Esto no significa que una empresa vaya a sustituir su ERP por un sistema generado sobre la marcha, pero ayuda a comprender por qué el mercado y la industria están empezando a tomar en serio esta posibilidad.
Y aquí es donde el entusiasmo choca a menudo con la auténtica iniciativa. El software corporativo no vive aislado: está adherido a bases de datos, sistemas heredados, identidades, permisos, auditorías e integraciones que llevan años funcionando de forma específica. A esto se suma el aspecto más delicado: el cumplimiento normativo, la seguridad y las responsabilidades internas, que en los sectores regulados dictan lo que se puede hacer y lo que no. Incluso si un agente puede generar un sistema funcional, queda por resolver quién lo mantiene, quién lo respalda, quién garantiza que no se rompa con el tiempo y quién responde cuando algo falla. En este ámbito, el software “personalizado y rápido” todavía tiene muchas preguntas por delante.
Si todo esto todavía parece demasiado abstracto, Bloomberg proporciona un termómetro bastante claro: El mercado ya está reaccionando como si la amenaza fuera real, aunque todavía no sabemos hasta dónde llegará. El medio explica que el lanzamiento de Claude Cowork por parte de Anthropic reactivó el temor a una disrupción que presione al software tradicional. Según ese texto, un conjunto de valores SaaS seguido por Morgan Stanley como indicador del sector ha caído un 15% en lo que va de 2026 tras caer un 11% en 2025, el peor arranque desde 2022. Además de todo ello, algunos analistas citados sugieren que ahora mismo no hay razones tener acciones de empresas de software en cartera.
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