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Hasta ahora, el negocio era lanzar satélites. Estados Unidos acaba de convertir su coste exorbitante en una oportunidad millonaria – Tinta clara

  • enero 22, 2026
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Desde hace años, el negocio espacial gira en torno a una idea muy concreta: lanzar más satélites, más rápido y más barato. La carrera por llenar la órbita

Hasta ahora, el negocio era lanzar satélites. Estados Unidos acaba de convertir su coste exorbitante en una oportunidad millonaria

 – Tinta clara

Desde hace años, el negocio espacial gira en torno a una idea muy concreta: lanzar más satélites, más rápido y más barato. La carrera por llenar la órbita terrestre baja con grandes constelaciones ha disparado la demanda y convertido el despegue en una industria multimillonaria, pero también ha puesto sobre la mesa un problema que durante mucho tiempo permaneció en un segundo plano: qué hacer con estos satélites cuando lleguen al final de su vida útil y sigan ocupando espacio en órbita. En este contexto, Estados Unidos ha dado un paso decisivo al impulsar y comenzar a materializar el desorbitado mercado.

Nuevos negocios en el horizonte. Este paso adelante ya se ha traducido en un contrato concreto. Espacio estrella de mar ha sido premiado de un acuerdo valorado en 52,5 millones de dólares por la Agencia de Desarrollo Espacial (SDA) de la Fuerza Espacial de Estados Unidos para ofrecer un servicio de desorbitación de satélites al final de su vida útil. La tarea incluye el desarrollo, lanzamiento y operación de el barco nutria en órbita baja destinada a desorbitar satélites del PWSA cuando ya no estén operativos, con una primera operación y posibilidad de realizar varias más. El lanzamiento está previsto para 2027.

entre bastidores. Este cambio no puede entenderse sin el contexto económico que ha convertido el espacio en una industria de gran volumen. El mercado mundial de servicios de lanzamiento espacial alcanzará los 21.190 millones de dólares en 2025 y, según estimaciones de Precedence Researchpodría ascender a 70.560 millones en 2035, con un tasa de crecimiento anual compuesta del 11,56%. Una parte sustancial de esos ingresos proviene del despliegue continuo de satélites, impulsado por constelaciones que requieren lanzamientos frecuentes para mantener y renovar sus redes en órbita.

Una órbita cada vez más saturada. Tener miles de satélites funcionando al mismo tiempo no es sólo una cuestión de despliegue, sino también de gestión de fin de ciclo. Los responsables de las grandes constelaciones deben decidir si desorbitan sus satélites relativamente pronto para limitar el riesgo de desechos orbitales o si los mantienen activos el mayor tiempo posible para extraer todo su valor económico y operativo. Esta tensión, sin solución sencilla, se ha convertido en uno de los principales impulsores que empujan a buscar nuevas fórmulas para gestionar el fin de la vida en órbita.

Qué cambia con la “desorbitación como servicio” La propuesta de Starfish se basa en separar el final de vida del satélite de su diseño y funcionamiento diario, permitiendo que una nave externa se encargue de desorbitar sin requerir modificaciones previas en los dispositivos en órbita. La compañía sostiene que este enfoque permite a los operadores maximizar la vida útil de sus constelaciones y delegar el retiro de aquellos satélites que no pueden desorbitarse por sí solos.

El paso previo. Aunque la misión de desorbitación aún no se ha lanzado, Starfish Space llega a este punto con un historial previo de demostraciones en órbita. La compañía lanzó Otter Pup 1 en junio de 2023 y logró maniobrarlo hasta 1.000 metros de un objetivo diez meses después, un hito relevante para las operaciones de aproximación y control. En octubre, una nave espacial Impulse Space Mira utilizó el software Starfish para acercarse a otra nave espacial a 1.250 metros, y en junio de 2025 se lanzó Otter Pup 2 con el objetivo de realizar el primer acoplamiento comercial de satélites en órbita baja.

La gran pregunta a responder. Lo que ahora se está probando es si la desorbitación de satélites puede pasar de ser una excepción a convertirse en una práctica industrial recurrente. La expansión de las constelaciones y la presión para mantener operativa la órbita baja nos obligan a buscar soluciones que no dependan únicamente de cada satélite individual. En este contexto, la decisión de Estados Unidos de contratar este tipo de servicios ofrece una primera señal de hacia dónde puede evolucionar el sector, aunque su alcance real sólo podrá medirse cuando comiencen a operar las primeras misiones.

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