Habría intentado hacerlo pasar por suicidio. – Tinta clara
- enero 5, 2026
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Entre la noche del 9 de abril y la madrugada del 10 de abril de 2024, en el sector de Villa Campestre (Puerto Colombia, Atlántico), Valentina Cepeda Fue
Entre la noche del 9 de abril y la madrugada del 10 de abril de 2024, en el sector de Villa Campestre (Puerto Colombia, Atlántico), Valentina Cepeda Fue

Entre la noche del 9 de abril y la madrugada del 10 de abril de 2024, en el sector de Villa Campestre (Puerto Colombia, Atlántico), Valentina Cepeda Fue encontrada dentro de su departamento con una sábana alrededor del cuello, en una habitación de la carrera 26 No. 3A.
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La versión inicial de la entonces pareja sentimental (que la habría encontrado arrodillada y creído que estaba “bromeando” antes de intentar reanimarla) fue rápidamente puesta en entredicho por los signos físicos descritos en las primeras crónicas: hematomas en el cuello compatibles con ranura de presiónindicador que dio lugar a la investigación técnico-forense y desmanteló, con el paso de las semanas, el hipótesis del suicidio.
Valentina tenía 22 años, era instructora de yoga y estudiaba la Licenciatura en Educación Infantil. Foto:suministrado
La confirmación de la muerte quedó registrada en el Clínica Portoazul Aunapero a partir de ese momento el caso pasó a manos del CTI de la Fiscalía, que comenzó a reconstruir la escena con peritajes y testimonios. Valentina tenía 22 años, era instructora de yoga y estaba estudiando Licenciatura en Educación Infantil de la Universidad del Atlántico; Su familia, desde el primer día, rechazó la coartada y pidió una investigación con rigor forense.
En los meses siguientes, amigos y familiares Denunciaron retrasos en el proceso y exigieron que se tramite como feminicidio y no como muerte sin clasificar, al tiempo que insistieron en el antecedente de una fuerte discusión y presuntas agresiones previas. Esas protestas públicas, con plantones afuera de la URI de la Fiscalíase centraron en la necesidad de especializar la investigación, cambiar de fiscal e impedir el archivo del expediente, reclamo que luego sería reconocido por la dirigencia política local.
El domingo 4 de enero de 2026, Álvaro Felipe Rivera fue capturado en Santa Marta (Magdalena) por agentes del CTI y trasladado bajo estricta custodia a la URI de la Fiscalía en el centro de Barranquilla, para ser presentado ante un juez de control de garantías. La diligencia, confirmada por la Fiscalía y documentada a escala local y nacional, concretó el esfuerzo de más de 20 meses de trabajo en campo: revisión minuciosa del lugar, sucesivas entrevistas y pruebas forenses que, según fuentes y relatos de familiares, Descartan la hipótesis de suicidio y sustentan la tipificación de feminicidio agravado.
La llegada a la URI estuvo acompañada por los padres y familiares de Valentina quienes, entre lágrimas y consignas, exigieron medidas de seguridad y que el caso avance sin nuevos contratiempos. Crónicas locales informaron del respetuoso asedio a la familia, el asedio del CTI y el inmediato paso a audiencias preliminares, donde La materialidad probatoria deberá ser exhibida por el Ministerio Público.
La llegada a la URI estuvo acompañada por los padres y seres queridos de Valentina. Foto:Tomado de 30dias.co
El relato inicial del hoy capturado—según el cual la joven se había quitado la vida y la encontró arrodillada con una sábana que usaba para ejercicios de yoga— Se fue erosionando a medida que los informes periciales añadieron pruebas de la intervención de un tercero. Además del componente forense, el expediente recibió un impulso institucional tras un cambio de fiscal y la incorporación de equipos especializados que Avanzaron la investigación hacia un feminicidio.
Esta corrección por supuesto, sumada a los supuestos ataques previos y al reporte de una fuerte discusión en los últimos días al suceso, conformó un Hipótesis de retención y sumisión incompatibles con el argumento del “swing de yoga”. La cronología reconstruida por los medios deja claro que el tiempo jugó en contra de la verdad, pero también que el expediente encontró tracción técnica para sustentar acusaciones graves.
Para los padres de Valentina, los 21 meses que separan la noche de abril de 2024 de la captura de enero de 2026 fueron un viaje de dolor: plantones, entrevistas, solicitudes de reuniones con autoridades y un deterioro físico que el padre ha asociado al impacto emocional del crimen.
El vía crucis también tuvo capítulos de frustración pública: en 2024, familiares y amigos denunciaron que el caso no avanzaba y que incluso unas vacaciones de la oficina ralentizaron la investigación. Este clima de desgaste fue el caldo de cultivo para la movilización ciudadana y el apoyo político que pidió sacar el caso de una zona gris. Un reclamo que hoy se refleja en el boletín oficial que celebra la captura y pide que así sea el inicio de un proceso rápido, transparente y con respeto al debido proceso.
Imágenes de los plantones y protestas que exigían celeridad en el caso. Foto:suministrado
el diputado Alejandra Moreno Astwoodpresidenta de la Comisión Jurídica de la Mujer, acompañó el caso con plantones y reuniones con autoridades, y hoy sostiene que la captura “No quita el dolor ni la ausencia, pero trae justicia.«Su postura condensa tres demandas centrales: investigación especializada con profundidad psicológica y forense, celeridad en los presuntos feminicidios para evitar fugas y dilaciones, y una pena acorde al marco penal -entre 30 y 50 años- en caso de que las audiencias fallen a favor de la tesis del feminicidio».Ningún agresor está por encima de la ley”, concluye el texto.
Álvaro Felipe Rivera, señalado como agresor. Foto:Redes sociales
Con Rivera bajo custodia, el expediente entra en su tiempo judicial: Las audiencias preliminares deberán mostrar evidencia técnica (dictámenes de Medicina Legal, reconstrucción de escena, análisis de lesiones y trayectorias), evidencia material y testimonios claves. El objetivo es garantizar una medida de aseguramiento y proteger el proceso de retrasos o disputas que desdibujan la materialidad recogida.
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El recuerdo de Valentina Cepeda, joven, estudiante, instructora e hija, nos obliga a narrar con atención para no fallarle, y enfatizar que el impacto social del caso no es un espectáculo, sino un compromiso de una ciudad con la protección de las mujeres.
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