Esta fue su última ceremonia – Tinta clara
- marzo 16, 2026
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Fue hace 24 años cuando fue asesinado Monseñor Isaías Duarte Cancino. Finalizó la ceremonia de impartición del sacramento del matrimonio a 105 parejas del oriente de Cali. En
Fue hace 24 años cuando fue asesinado Monseñor Isaías Duarte Cancino. Finalizó la ceremonia de impartición del sacramento del matrimonio a 105 parejas del oriente de Cali. En
Fue hace 24 años cuando fue asesinado Monseñor Isaías Duarte Cancino. Finalizó la ceremonia de impartición del sacramento del matrimonio a 105 parejas del oriente de Cali. En ese momento, uno de los dos sicarios que se desplazaba en una motocicleta le disparó cuatro veces.
Era la noche del 16 de marzo de 2002, cuando monseñor Duarte Cancino salía de la parroquia El Buen Pastor, en el barrio Ricardo Balcázar. Fue uno de los episodios más dolorosos en la historia de la capital del Valle del Cauca.
La población lloró por el monseñor, quien hoy es recordado porque sembró la semilla del Banco de Alimentos, obra que beneficia a más de 40.000 personas necesitadas de la ciudad en diversas instituciones.
‘No más secuestros’ fue una de las consignas dichas por el inmolado Monseñor Isaías Duarte Cancino. Foto:Archivo. EL TIEMPO
“Hoy elevamos una oración por su eterno descanso y pedimos al Señor que su testimonio siga inspirando a la Iglesia y a la sociedad a trabajar por la vida, la justicia y la paz”, fue el mensaje de la Arquidiócesis de Cali, a 24 años del magnicidio.
El entonces arzobispo de Cali también fundó escuelas, una universidad en el sur de la capital del Valle del Cauca y más hogares para personas sin hogar.
Respecto a quiénes estarían detrás de este asesinato que generó el rechazo de todo un país, la investigación apuntó a una temida alianza entre narcotraficantes de Antioquia y el Valle.
Para ello contrataron a una poderosa red de sicarios de Medellín que habrían cobrado 240 millones de pesos por ejecutar el crimen.
Ésa ha sido la hipótesis en estas dos décadas sobre los autores intelectuales de este asesinato.
Según la investigación, un día después del asesinato del prelado, un hombre se presentó ante el desaparecido DAS para entregar información.
Dijo que ocho personas estuvieron a cargo del regreso. Con base en este testimonio se logró la captura de Carlos Agostoo Ramírez Castro ‘El Calvo’, y Alexánder de Jesús Zapata Ríos ‘El Cortico’, quienes fueron señalados como los autores materiales del magnicidio.
Con ese testimonio y el de otro hombre, los investigadores pudieron establecer que en el crimen también participaron otros seis hombres, conocidos con los alias ‘Nano’, ‘Toño’, ‘Canga’, ‘Guigo’, ‘El loco’ y ‘Robinson’.
Las versiones de las autoridades establecieron una alianza entre los narcotraficantes de Medellín y el Valle, con una red de sicarios para asesinar a Monseñor Duarte Cancino.
Asimismo, el tribunal había señalado que la cúpula de las Farc era responsable, pero el Tribunal Superior de Cali revocó la decisión porque consideró que los testimonios en ese momento de la investigación no eran lo suficientemente sólidos.
A lo largo de estas dos décadas, algunos de los directamente vinculados al proceso han sido asesinados, como ‘El Calvo’, en mayo de 2002 en el penal de Palmira, dos meses después del crimen de monseñor Duarte; John Jairo Jiménez, alias ‘Basilio’ y quien habría contratado a los sicarios en Cali, además de John Jairo Maturana, alias ‘Marimba’, y Luis Alberto Muñoz, ‘Millón’, vinculados a una banda de sicarios.
Fue hace 24 años que EL TIEMPO estuvo horas antes con monseñor Isaías Duarte Cancino, en esa parroquia durante la multitudinaria ceremonia nupcial. EL TIEMPO habló con él ese día y hoy revive esos momentos en el artículo titulado ‘Su última ceremonia’, publicado por este periodista, el 18 de marzo de 2002.
Monseñor Isaías Duarte Cancino sonrió bajo los pies del gigantesco Cristo en el altar de la iglesia El Buen Pastor.
El arzobispo de Cali observó al párroco Óscar De la Vega organizar a los cien matrimonios que llegaban desde distintos barrios del oriente caleño en busca de una bendición para las uniones que en algunos casos llevaban más de 30 años.
La iglesia con capacidad para 400 personas estaba repleta de familiares de los novios y curiosos. La multitud llegó a la calle, donde tampoco bastaron las cien sillas de plástico blanco que compró el padre De la Vega. Más de 700 personas ocuparon el interior y atrio de la parroquia.
«Siento una gran alegría porque hay parejas que llevaban 45 años juntas y finalmente pudieron santificar su amor con la bendición de Dios», comentó el prelado minutos antes de iniciar la última ceremonia de su vida.
«Me sentí feliz y al mismo tiempo sorprendido por el matrimonio multitudinario en la pequeña iglesia decorada con bombas blancas y una docena de adornos florales. Hace dos años bendije a 60 parejas para el año jubilar, pero el acontecimiento de hoy alcanza dimensiones gigantescas y es un signo de que la gente quiere vivir en paz con Dios y dejar atrás el pecado», dijo monseñor una hora antes de que dos jóvenes con la cabeza rapada le provocaran la muerte. «Por eso vine a casarme con ellos», añadió.
El arzobispo llegó a las 6:30 de la tarde a la parroquia, donde el entonces padre De la Vega había llamado desde noviembre del año anterior (2001) a quienes vivían en unión libre, garantizándoles que la iglesia se haría cargo de los costos de los documentos necesarios para los matrimonios.
Tranquilo y confiado, monseñor se empujaba entre los feligreses. La ceremonia comenzó con la marcha nupcial. El centenar de parejas se abrieron paso entre fotógrafos, familiares y amigos.
El padre Joaquín Cortés, entonces rector del Seminario de la Arquidiócesis de Cali, siempre estuvo cerca de monseñor, quien llegó sin protección alguna. Numerosos asistentes ocuparon el altar.
Los adultos estaban de pie y los niños en el suelo, a pocos metros del arzobispo.
«Sólo voy a decir dos palabras», dijo minutos después del Evangelio. «Amaos y respetaos unos a otros.»
Luego bromeó recomendando no violencia a los nuevos maridos, porque «hay hombres muy guapos que golpean a las mujeres, pero las mujeres tampoco se quedan atrás: no golpean, pero usan la lengua».
Una hora después de iniciar el matrimonio multitudinario, el prelado se acercó a cada una de las parejas. “Me casaré con cada uno y les preguntaré si están seguros del paso que van a dar”, le dijo a EL TIEMPO en ese momento.
Raúl Dávila tenía 65 años y estaba con Rosalba Tascón. La pareja había vivido junta durante 44 años. Estaban nerviosos cuando monseñor se les acercó. Junto a esta pareja, originaria de Calima-El Darién, estaba uno de sus cuatro hijos, quien también se casaba.
«Estoy orgulloso de usted», repitió monseñor. «Estoy muy feliz».
La ceremonia finalizó a las 20.15 horas. Monseñor permaneció un rato más en la calle, felicitando a algunos de los nuevos esposos.
A pocos metros de la parroquia lo esperaba Edilberto Ceballos, chofer del prelado, durante los siete años que fue arzobispo de Cali.
A las 8:30 de la noche se escuchó el tiroteo y la multitud se dispersó. ¡Mataron al monseñor! Gritaron las personas que huyeron a sus casas.
CAROLINA BOHÓRQUEZ RAMÍREZ
corresponsal de EL TIEMPO
Cali