Esta es la historia de la colección de belenes navideños más grande de Barranquilla
– Tinta clara
diciembre 21, 2025
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en la casa de alicia maldonadoLa Navidad no es sólo chorritos (luces navideñas), ni un árbol vestido de esferas rojas y doradas. Allí, la verdadera magia Se esconde
en la casa de alicia maldonadoLa Navidad no es sólo chorritos (luces navideñas), ni un árbol vestido de esferas rojas y doradas. Allí, la verdadera magia Se esconde en un loft de madera en su techo durante meses, para luego sacarlo de ese rincón y comenzar ese ritual que ha resistido la prueba del tiempo. Tanto es así, que se negó a cambiar el techo por uno moderno porque prefiere “sacrificar la renovación para salvar la Navidad”, dice con convicción.
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Cada noviembre, cuando el viento anuncia la llegada del fin de año, Alicia comienza un ritual que la conecta con su fe y con su historia. Sube al segundo piso, pide ayuda para bajar las cajas y comienza la ceremonia: limpieza, organización, montaje. No es una tarea rápida; Se necesita al menos una semana. Cada figura, cada pieza, tiene un lugar y un recuerdo. Porque en su casa no hay un solo pesebre, hay más de 250.
En sus manos tiene el primer belén que le regalaron, con el que empezó todo. Foto:Camilo Álvarez Peñaloza
Sí, lo dice fácil, pero la verdad es que increíblemente hay doscientas cincuenta representaciones del nacimiento de jesusen todos los tamaños, materiales y estilos imaginables. Elaborados en madera, vidrio, madera, cerámica, elaborados por artesanos colombianos, traídos de ferias de Bogotá, regalados por amigos, enviados desde España. Algunas nacieron de sus propias manos, porque Alicia no sólo colecciona, sino que también crea. “me gustan mucho las manualidades«, confiesa, y en sus palabras se intuye el orgullo de quien ha transformado una devoción en arte.
Una tradición que se convirtió en ADN familiar
La historia de Alicia está marcada por la fe. Creció en un hogar católico, estudió en una escuela religiosa y formó una familia donde las oraciones y la misa dominical son parte de su rutina. “Es algo así como el ADN familiar.«, asegura. Su marido es más devoto que ella, nos dice, y reza el rosario y otras prácticas católicas con disciplina. Sus hijos, ya adultos, siguen asistiendo a misa por convicción propia. En este contexto, No es de extrañar que la Navidad en esta casa tenga un peso tan especial.
Alicia, admirando sus más de 20 años de colección. Foto:Camilo Álvarez Peñaloza
Esta pasión por los belenes no nació de repente. Todo empezó con un regalo: un belén traído desde España por un amigo cercano, un religioso que era rector del colegio donde estudiaban sus hijos. “Me quedé fascinada”, recuerda Alicia. Luego vinieron otros regalos del mismo amigo, y así, poco a poco, la colección empezó a crecer. Lo que al principio fue una curiosidad se convirtió en una búsqueda, un hábito, una identidad.
Hoy, cada viaje a Bogotá tiene el propósito de visitar ferias artesanales para encontrar nuevas piezas porque “allí hay muchos pesebres”, detalla. Sus amigas lo saben y la sorprenden con regalos en diciembre. “Precisamente ayer me dieron tres«, dice con naturalidad, como si estuviera hablando de algo cotidiano. Porque para ella recibir un pesebre es un lindo gesto, además de una bendición. «Si dicen que tener un pesebre es una bendición de Dios, ahora tener 250…Estoy absolutamente bendecida”, dice.
El valor detrás de cada pieza
Alicia no cobra por acumular. Cada pesebre tiene una historia.: dónde lo compraste, quién te lo regaló, cuándo lo hicieron. Incluso aquellos que se han deteriorado con el tiempo permanecen en tu colección. “Así sigue siendo, porque de eso se trata”, dice. No hay espacio para el descarte, siempre y cuando ese espacio esté ocupado por tu memoria agradecida.
La organización de las obras cambia año tras año.Foto:Camilo Álvarez Peñaloza
Un belén de temática esquimal.Foto:Camilo Álvarez Peñaloza
Un pesebre en un caparazón.Foto:Camilo Álvarez Peñaloza
Uno de los pesebres más pequeños que tienen.Foto:Camilo Álvarez Peñaloza
Alicia pasa aproximadamente una semana armando todo.Foto:Camilo Álvarez Peñaloza
A principios de noviembre comienzan las obras.Foto:Camilo Álvarez Peñaloza
Reconoce que algunos ejemplares son más elaborados que otros, pero los ama por igual.Foto:Camilo Álvarez Peñaloza
El ingenio de cada obra la ha apasionado por esto.Foto:Camilo Álvarez Peñaloza
Fuera de la habitación, también tiene otras en el salón de su casa.Foto:Camilo Álvarez Peñaloza
Alicia valora mucho el trabajo de cada artesano.Foto:Camilo Álvarez Peñaloza
Su mirada hacia la artesanía revela una sensibilidad especial. Valorar el trabajo del artesano, la dedicación detrás de cada figura. “Uno puede hacer diez manualidades, pero ninguna es igual a otra«, reflexiona. Por eso, cuando compra un belén, está segura de que no está adquiriendo sólo un objeto, sino que está comprando una historia.
La diversidad es otra característica de su colección. Hay piezas pequeñas, piezas medianas, algunas más elaboradas, otras sencillas. Prefiere las miniaturas porque le permiten tener variedad sin que el espacio se convierta en un problema. Y aunque ha recibido invitaciones para exponer su tesoro —como uno de la Biblioteca Departamental el año pasado—ha disminuido. La logística sería titánica: embalaje, transporte, inventario. «Me siento halagado, pero honestamente no».admite.
Este es el pesebre que instaló en la terraza de su casa. Foto:Camilo Álvarez Peñaloza
Cuando llega noviembre, Alicia sabe que es hora de empezar. Primero organiza el resto de la decoración navideña y luego se dedica a los belenes. Para el primero de diciembre todo debe estar listo. Cada montaje es diferente al anterior; Nunca repite el mismo arreglo. «Siempre es dinámico», explica. El desván donde guarda las cajas es ahora más que un espacio físico, ya que es un símbolo de la madera y los recuerdos donde reposan durante meses su colección y la Navidad. Alice lo conserva como santuario, consciente de que sin él su ritual sería imposible; ¿Las renovaciones y la modernidad? No valen tanto.
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Para ella, sus belenes son testimonios de fe, amor familiar y dedicación artesanal. Son, en sus palabras, “algo absolutamente especial«Porque no es lo mismo coleccionar llaveros o botellas que coleccionar nacimientos. Cada uno representa el momento en el que, según la creencia cristiana, Dios vino al mundo. Y Alicia, con sus 250 pesebres, guarda ese momento en un rincón de su casa, como quien atesora incienso, mirra y oro en medio de un largo camino en el desierto.
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Camilo Álvarez Peñaloza, periodista EL TIEMPO Barranquilla @camiloa.ap_20