Esta es la historia de Dylan Altamiranda, finalista del Premio Pierre David-Weill en París
– Tinta clara
abril 1, 2026
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Dylan Altamiranda Arévalo, artista barranquillero de 32 años, abrió un correo electrónico que esperaba desde que llegó a Francia en 2019: su nombre apareció entre los 24 finalistas
Dylan Altamiranda Arévalo, artista barranquillero de 32 años, abrió un correo electrónico que esperaba desde que llegó a Francia en 2019: su nombre apareció entre los 24 finalistas del Premio Pierre David-Weillun concurso de dibujo que, desde 1971, reconoce a los artistas jóvenes más destacados que trabajan en este medio bajo estrictos criterios de técnica y pensamiento visual.
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El premio es otorgado por Academia de Bellas Artes (Academia de Bellas Artes), institución fundada en el siglo XIX y heredera directa de las escuelas creadas por Luis XIV en el siglo XVII, por lo que una de las organizaciones artísticas más antiguas y exigentes de Europa. Cada año participan cientos de artistas residentes en Francia –más de 230 en esta edición– y sólo unos pocos logran pasar la preselecciónn, envía tus trabajos físicamente para su evaluación y llegar al pequeño grupo de finalistas.
Altamiranda, un artista latinoamericano formado inicialmente en la escena cultural de BarranquillaAparece en esa lista y encamina su carrera a hacer eco en una de las instituciones más prestigiosas del arte europeo.
La historia antes del dibujo.
Altamiranda nació en Barranquilla en 1993 y Creció en el barrio El Silencio. Sus primeros acercamientos al arte se dieron en los cursos infantiles de Bellas Artes que dirigía la maestra Carmen Sierra Duarte, espacio del que también surgieron otros talentos del Caribe. Posteriormente, en el Colegio Humboldt, recibió el apoyo de un profesor que lo animó a estudiar arte cuando las expectativas académicas apuntaban hacia carreras «más tradicionales».
Dylan Altamiranda, artista barranquillero de 32 años. Foto:Suministrado a EL TIEMPO
Ingresó a la Universidad del Atlántico en 2010pero siempre tuvo la sensación de que el arte estaba lejos, en los libros de historia que leía desde niño y en los museos europeos que sólo conocía a través de imágenes. Esa distancia, que al principio fue una especie de idealismo adolescente, se convirtió en una convicción más concreta cuando dejó Bellas Artes.
Luego de graduarse en 2015, Altamiranda se mantuvo activa en la escena local: impulsó proyectos independientes con el espacio Cubo abiertotrabajó como curador en el Museo de Arte Moderno de Barranquilla y se involucró en múltiples iniciativas artísticas que lo llevaron, como él mismo reconoce, a jugar “un poco de todo” dentro del ecosistema cultural de la ciudad.
Sin embargo, con el tiempo se dio cuenta de que las oportunidades de crecimiento profesional eran limitadas y que El mercado local no le ofrecía un camino claro para vivir exclusivamente de su trabajo. Para entonces ya había estudiado francés y veía a Francia como un lugar que siempre le había atraído.
Con esa mezcla de búsqueda, necesidad de expansión y ganas de probarse en otro contexto, decidió migrar en 2019 para continuar su formación y ver si pudiera sostener su trabajo en un escenario distinto a Barranquilla.
Un premio que se fue construyendo poco a poco
Altamiranda conoció el Premio Pierre David-Weill desde que llegó a Francia. Durante los primeros años estudió a los seleccionados, la naturaleza del concurso y el nivel de exigencia. En 2025 se presentó por primera vez, sin éxito. Lejos de verlo como un retroceso, entendió que su obra necesitaba madurar.
Altamiranda durante su residencia en Amsterdam. Foto:Suministrado a EL TIEMPO
“Sentí que no tenía nivel. Era consciente de que mis dibujos no eran grandes candidatos, pero como decimos en Barranquilla: el peor retorno es el que no se hace (…) Así que lo hice y definitivamente me ayudó», dice en entrevista con EL TIEMPO.
Cuando es consultado por qué tuvo que cambiar para “subir el nivel”nos respondió que todo sucedió después de una residencia artística en el Instituto Holandés de Estudios Avanzadosen Ámsterdam, donde trabajó durante un mes en investigación y desarrollo de ideas. De ahí surgió la base de la serie “Variaciones”, con la que decidió presentarse nuevamente al premio en 2026. Esta vez tuve la certeza de haber alcanzado el nivel técnico y conceptual que exige el concurso.
La pieza finalista, Variaciones (Jan Jansz Mostaert…), es un dibujo al carboncillo sobre papel Fabriano que está basado en una pintura del siglo XVI, considerada la primera representación europea del “Nuevo Mundo”. En la obra original, de Jan Jansz Mostaert, conquistadores, indígenas y Escenas imaginadas por un pintor europeo del siglo XVI.
La obra original que inspiró el dibujo de Altamiranda. Foto:Wikipedia
Altamiranda hizo un gesto clave y Suprimió todas las figuras humanas y animales. Sólo conservó el paisaje, un territorio inventado, construido desde la distancia y la ficción. Este vacío revela la naturaleza imaginada del escenario y cuestiona la Archivos visuales que dieron forma a la idea de América.
El artista ha explicado que el dibujo busca mostrar cómo la historia, tal como fue representada por Europa, se sustenta en capas de ficción, selección y silencios. En su obra, el dibujo funciona como herramienta de estudio, interpretación y Análisis crítico de las imágenes coloniales.
El valioso lugar entre los finalistas
La selección como finalista implica haber superado una preselección inicial, presentación física del trabajo y evaluación por parte del jurado de la Academia. En este concurso, muchos de los artistas que ganan los principales premios lo hacen tras varios intentos. Para Altamiranda, Estar entre los finalistas en esta etapa de tu carrera es un reconocimiento importante y un punto de partida para nuevas aplicaciones.
La obra de Dylan, elegida entre las mejores del importante certamen francés. Foto:Suministrado a EL TIEMPO
Nacido en Barranquilla, formado en la Universidad del Atlántico y estabilizado profesionalmente en París, el artista ha construido una línea de trabajo que combina el rigor técnico con la investigación histórica. Su selección para este premio le posiciona en el panorama europeo del dibujo contemporáneo y confirma la proyección de una obra que aún se encuentra en construcción.
Altamiranda continúa trabajando desde París, vinculada a espacios de residencia y producción artística. Su intención es seguir desarrollando su investigación sobre archivos, imágenes y memoria histórica, y volver a postularse para el premio mientras esté dentro del límite de edad.
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Para él, este reconocimiento es la confirmación de que su trabajo ha tomado rumbo y puede seguir creciendo en el escenario internacional. Orgullo barranquillero y, ahora, referente nacional.