‘En materia de salario mínimo, lo comido puede salir por lo servido’: Jaime Alberto Cabal – Tinta clara
diciembre 15, 2025
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¿Qué pasará con el salario mínimo? “Era una payasada sentarse en esa mesa de concertación”, dice Jaime Alberto Cabal, presidente de Fenalco, gremio de los comerciantes. Insiste en
¿Qué pasará con el salario mínimo? “Era una payasada sentarse en esa mesa de concertación”, dice Jaime Alberto Cabal, presidente de Fenalco, gremio de los comerciantes. Insiste en que un gobierno tan ideologizado, y en año electoral, iba a terminar imponiendo su voluntad por decreto.
Usted, tal vez, fue el único de los dirigentes gremiales que no participó en la mesa de concertación del salario mínimo. ¿Por qué?
Somos cinco gremios los que históricamente hemos participado, y Fenalco siempre ha estado presente en la mesa. Este año tomamos una decisión; no es personal, fue de gremio, básicamente porque nos pareció que era un irrespeto y una burla del Gobierno anunciar cuál era el resultado que ellos esperaban antes de que nos sentáramos en la mesa. El presidente Petro dijo 11 %; el ministro Benedetti dijo 10.84 %; el ministro Sanguino dijo que de todas maneras sería de dos dígitos. Y el ministro Benedetti añadió que las empresas tenían utilidades porque no pagaban el salario justo. Ante eso, no tenía sentido prestarse a una payasada, sabiendo que terminará fijándose por decreto.
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¿Históricamente, los gobiernos anuncian su cifra?
Nunca. Respetan la instancia constitucional de la Comisión de Concertación Laboral, donde los trabajadores colocan sus propuestas, los empresarios también, igualmente el Gobierno, y se trata de buscar un consenso o una concertación. Antes de que la mesa se instalara, el Gobierno cantó el resultado de su posición, con lo cual la negociación, pues, no iba a existir.
Y la posición de los trabajadores está muy lejos de la de los empresarios…
Su estrategia fue elevar su pretensión al 16 %, sin ningún sustento ni económico ni técnico, porque es tres veces más que la inflación. Los colegas gremiales pusieron sobre la mesa el 7,21 %, que es muy generoso, porque estrictamente el salario mínimo debería ser la inflación más la productividad –5,3 + 0,91–, eso da 6,21 %, con lo que se cumple el objetivo del salario mínimo, que es mantenerles a los trabajadores su poder adquisitivo.
Mesa de negociación y concertación para el incremento del salario mínimo 2026. Foto:Mintrabajo
¿Pero no es histórico también que las tres partes siempre han estado muy lejos?
Históricamente, nunca tan lejos: los trabajadores han hecho propuestas que no han sido tan locas como esta. Su cifra es tres veces más que la inflación; ellos saben que eso no tiene ningún sentido, pero es para presionar al Gobierno a cumplir su promesa de que el aumento será, en cualquier caso, de dos dígitos. El salario mínimo seguramente se va a mover entre el 10 y el 11 %, y el Gobierno queda feliz, con lo cual se corrobora que no tenía sentido sentarse en la mesa.
¿Pero que Fenalco hubiera participado en la mesa, no habría ayudado a reforzar la posición de los empresarios?
Eso puede ser cierto, María Isabel, pero eso es válido cuando hay un gobierno sensato, que oye razones técnicas y económicas, que escucha y está dispuesto a concertar. Pero cuando es un gobierno con un sesgo ideológico tan fuerte, no tiene ningún sentido, porque finalmente va a terminar imponiendo su voluntad. Ninguno de estos ministros, ni el Presidente, ha pagado una nómina en su vida; no saben lo que es eso, pero buscan congraciarse con los trabajadores, pues tiene un efecto populista de cara a las elecciones.
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O sea, que no hay probabilidades de que el aumento del mínimo sea técnico, sino político…
Muchos colombianos no dimensionan que, entre más suba el salario mínimo, más se incrementan los costos de las empresas o aumenta la informalidad.
El salario mínimo se conocerá a finales de diciembre. Foto:iStock
Seamos bien didácticos. ¿Cómo convencer a un trabajador de que si tiene más plata en su bolsillo es peor para él? Muy difícil, por no decir imposible.
Claro. Digamos que el sano equilibrio entre el poder adquisitivo y el cuidado de los costos es lo que da una ecuación perfecta. De lo contrario, un salario estrambótico genera incremento estrambótico en el transporte, porque está indexado; en los cupones de salud, indexada; en las multas de tráfico, indexadas; y muchas otras cosas, por ejemplo, los servicios públicos. Entonces, sale lo comido por lo servido.
¿Indexado, con miras a la explicación didáctica, es que están amarrados?
SÍ. Suben los costos de las empresas y suben los precios de muchos factores que dependen del salario mínimo.
Quizás los trabajadores colombianos ya no creen en eso de que un aumento desproporcionado del mínimo aumenta la inflación. Y resulta que estamos cerrando el año, aparentemente con unas cifras manejables…
Muy interesante esa pregunta. La inflación se subió en la pandemia al 13.1 %, y comenzó a descender, pero llegó este año a mayo y se estancó en niveles del 5 %; tuvo cuatro meses seguidos en que subió, poquito, pero subió. Entonces, el hecho de que se haya estancado esa desaceleración, es efecto del salario mínimo del año anterior, que fue alto, 9,54, cuando la inflación estuvo por debajo del 5 %. Va a ser muy difícil bajarla al 3, que es la meta del Banco de la República. Su gran función constitucional es mantener controlada la inflación, que resulta ser el peor impuesto de los pobres… Pues en un escenario de salarios altos, el Banco frenará la disminución de las tasas de interés; con lo que los bancos, a su vez, no disminuirían sus tasas de interés, y entonces el crédito se hace costoso para las empresas, para los ciudadanos, para las tarjetas de crédito. Petro dice que la culpa de que no estemos mejor económicamente es por el Banco de la República, pero resulta que la entidad está cumpliendo con su función.
Al ministro de Trabajo lo he escuchado, muy insistente, en que el salario mínimo tiene que estar “bastante por encima” de la inflación.
Ese es un enunciado populista, porque no mira los efectos que tiene para las finanzas públicas del país. La economía está quebrada, con el mayor déficit fiscal de la historia. Y resulta que, según los cálculos que ha hecho una entidad seria, como Anif, cada punto por encima del 7 % del salario mínimo significa 600.000 millones de más costo para que el Estado pueda cumplir con sus trabajadores. Entonces, es irresponsable pensar en un incremento tan alto. Mire el impacto pensional, también calculado: cada punto por encima del 7 %, según Anif, le cuesta al Estado 240.000 millones de pesos más en pensiones; si el incremento fuera del 10 %, pues estaríamos cerca de los 750.000 millones de pesos. Insisto: un incremento desbordado es irresponsable por parte del Gobierno, y es irresponsable de los trabajadores plantearlo, porque hay que mirar el contexto de sus beneficios.
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Estamos pretendiendo que un gobierno de por sí esencialmente populista, en un año electoral, no aproveche para ganarse unos votos…
Claro. El incremento del salario mínimo se traduce en votos, porque, obviamente, es muy difícil la narrativa del perjuicio que tiene un incremento tan alto.
Usted lo ha dicho: un salario mínimo alto produce votos. Y las consecuencias serán para el Gobierno que llegue… sea mejor amigo o peor enemigo del actual.
La meta es ganar, mantenerse en el poder; no importa el desastre, ya lo estamos viendo. Al presidente Petro no le importa el caos en que está dejando al país. Digamos que es un objetivo meramente ideológico y político. Cada día estamos más mal, en economía, en seguridad, en salud, en educación, en relaciones internacionales, en crisis energética, gas, hidrocarburos…
Sí, pero las cifras, aparentemente sobre el papel, no están tan mal…
¿Por qué no están tan mal? Uno, desde el punto de vista de la economía legal, por la bonanza cafetera. Dos, por el incremento de más del 30 % de las remesas internacionales, que son de todos los colombianos que se han ido. Y los otros dos factores no son de la economía legal, que es toda la plata que producen el narcotráfico y la minería ilegal. Todo eso se está yendo al consumo. Otro factor es el desbordado incremento de la burocracia, tanto de las nóminas del Estado como de la contratación estatal, a través de las nóminas paralelas. Todo eso se va al consumo. Por ejemplo, en el caso del comercio, el comportamiento de este año mejoró sustancialmente por tanto dinero que hay en el mercado por los factores mencionados, pero si usted mira la inversión, muy importante para el crecimiento económico, está cayendo; la inversión extranjera cayó más del 20 %. Entonces, no es que estemos tan bien.
Jaime Alberto Cabal, presidente de Fenalco, dio su punto de vista. Foto:Mauricio Moreno
¿O sea, usted dice que, a su sector, el de los comerciantes, le fue bien este año, pero de puertas para afuera?
Le fue aceptablemente bien, no tanto como otros años; mejoró sobre todo en el segundo semestre. Pero cuando uno habla con los empresarios, se da cuenta de lo que le estoy diciendo. Hay demasiada plata, inclusive mucha gente tratando de comprar en efectivo, hasta con maletas llenas. Esos factores que le acabo de enumerar son los que están incidiendo en que haya un crecimiento económico aceptable, producto del consumo, pero no producto de la inversión, porque cada vez menos extranjeros quieren invertir en el país. También hay que mirar la fuga de capitales que ha crecido en más del 300 % en el último año, de colombianos invirtiendo en el exterior.
Las consecuencias de la caída de la reforma tributaria en el Congreso seguramente van a ser asumidas por el Gobierno con unos decretos. ¿Cómo ve esa perspectiva?
Esa reforma tributaria siempre estuvo mal planteada, sin pies ni cabeza, porque fue producto de un presupuesto desfinanciado que se presentó así a propósito, para presionar al Congreso. Finalmente, como se esperaba en un año preelectoral, tampoco pasó la reforma tributaria, y el ministro de Hacienda anunció que van a acudir a todas las formas posibles, entre ellas la emergencia económica. Pero el propio Gobierno sabe que la emergencia económica no tiene sustento constitucional.
¿Por qué no lo tendría?
Porque no hay un hecho sobreviniente, que es lo que le da fuerza jurídica a la emergencia. Y no lo hay porque el Gobierno ha podido prever que no le iban a aprobar tal reforma tributaria y presentar un plan de ajuste del gasto público y una restricción en el gasto, lo que no ha hecho hasta ahora. Por el contrario, la burocracia sigue creciendo, los gastos suntuosos siguen creciendo, los viajes del Presidente siguen creciendo, el Estado asistencialista sigue creciendo… Eso no aguanta un debate constitucional; seguramente el Gobierno le va a jugar a la vacancia judicial para que la Corte Constitucional no tenga tiempo de reaccionar. Se caerá seguramente después, cuando ya el daño esté hecho. Pero la emergencia económica no tiene ni pies ni cabeza.
¿Y usted, cómo para cuándo cree que conoceremos la cifra del salario mínimo?
Pues el plazo se vence hoy y hay algunos días para tratar de arreglar algo, o, si no, el Gobierno, antes del 30 de diciembre, saca el decreto del incremento del salario mínimo. Aunque seguramente, como reina un espíritu populista, el Gobierno lo hará antes del 24 de diciembre.
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Finalmente, me toca preguntarle al presidente de un gremio tan importante: ¿cómo está viendo la situación política?
Pues yo represento un sector muy grande de empresarios, con muchos de los cuales hablo cada día, e interpreto una enorme preocupación. Hay una conciencia de que el país tiene que recuperar el rumbo, que no es perpetuando un gobierno como el que ha liderado Petro, quien pretendería que quedara en manos de alguien de su misma línea ideológica. Se ha generado mucha esperanza en la posibilidad de cambiar el rumbo, pero vemos con preocupación que hay mucho egoísmo y muchas veleidades en las candidaturas presidenciales.
El salario mínimo impacta a millones de colombianos. Foto:iStock
Hay muchos sin posibilidades que aspiran a llegar a primera vuelta…
Falta conciencia y humildad entre los candidatos para saber que no tienen posibilidad y tratar de encausar una candidatura que sea capaz de cambiar ese rumbo y de derrotar, digamos, al régimen actual. Y, por otro lado, también falta mucho compromiso de la ciudadanía, de muchos empresarios para generar conciencia entre sus círculos de afinidad. Hay que hablar con los trabajadores, explicarles la situación del país, advertirles sobre el riesgo de continuar con este estilo o línea de gobierno, pero hay mucha pasividad. Juntando todo eso, hay gran preocupación de que esta dispersión de opciones influya para que no haya una voluntad política para liderar esa posibilidad de cambio. En este momento, hay mucha decepción del comportamiento de los candidatos presidenciales.