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el telescopio Webb acaba de aclarar una duda clave – Tinta clara

  • marzo 5, 2026
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Hay asteroides que pasan casi desapercibidos y otros que obligan a mirarlos con mucha más atención. 2024 YR4 pertenece a ese segundo grupo. Cuando fue descubierto a finales

el telescopio Webb acaba de aclarar una duda clave

 – Tinta clara

Hay asteroides que pasan casi desapercibidos y otros que obligan a mirarlos con mucha más atención. 2024 YR4 pertenece a ese segundo grupo. Cuando fue descubierto a finales de 2024, los primeros cálculos de su trayectoria aún tenían margen de error suficiente para contemplar una posibilidad muy pequeña de impacto con la Tierra. Pronto se descartó ese escenario, pero, como explica la ESAel caso quedó en seguimiento por un motivo diferente: quedó abierta una duda sobre la Luna que no se resolvió hasta que llegaron nuevas observaciones.

Riesgo de impacto. Con datos disponibles desde la primavera de 2025, los modelos de trayectoria indicaban que el asteroide tenía alrededor de un 4% de posibilidades de chocar contra la Luna el 22 de diciembre de 2032, una estimación que la NASA situaba en un 4,3% en sus cálculos anteriores. No era un porcentaje elevado, pero sí lo suficientemente significativo como para que los equipos dedicados a la monitorización de objetos cercanos a la Tierra lo siguieran con especial atención. Además, estamos hablando de un objeto de unos 60 metros.

Cómo entró en juego Webb. Para despejar esa duda se necesitaba algo más que los habituales telescopios. Un equipo internacional de astrónomos identificó en febrero de 2026 dos ventanas muy concretas en las que el telescopio espacial James Webb podría intentar detectar el asteroide, que en aquel momento era sólo un punto extremadamente débil a millones de kilómetros de distancia. Se trataba de utilizar uno de los instrumentos científicos más complejos construidos hasta la fecha para localizar un objeto casi invisible y medir su posición con la precisión necesaria para proyectar su órbita casi siete años en el futuro.

pieza clave. Las observaciones se realizaron los días 18 y 26 de febrero de 2026 con la cámara. NIRCam del telescopio James Webb. A partir de estas imágenes, los astrónomos compararon la posición del asteroide con la de las estrellas de fondo, cuyas coordenadas se conocen con gran precisión gracias a la misión Gaia de la ESA. La ESA añade un detalle relevante para entender por qué esto siguió adelante: la planificación y el análisis se coordinaron con el Centro de Coordinación de Objetos Cercanos a la Tierra de la ESA, el Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra de la NASA y el equipo de la misión Webb. Con este nuevo paquete de datos, los modelos orbitales se ajustaron lo suficiente como para cerrar el misterio.

James Webb analizó la posición del asteroide en relación con las estrellas del fondo

La distancia de sobrevuelo. Con los nuevos cálculos, los equipos de seguimiento ahora pueden estimar con bastante precisión cómo será el paso del asteroide a través del entorno lunar. Según la NASA, pasará el 22 de diciembre de 2032 a unos 21.000 kilómetros de la superficie de la Luna. Ese rango es suficiente para eliminar el escenario de impacto que había estado sobre la mesa durante meses. En otras palabras, el objeto seguirá su camino a través del sistema solar sin chocar ni con la Luna ni con la Tierra.

La vigilancia no cesa. Programas como el de Seguridad Espacial de la ESA o los sistemas de seguimiento de la NASA continúan detectando y analizando objetos cercanos a la Tierra para anticiparse a posibles amenazas futuras. La lógica es simple: cuanto antes se identifique un objeto potencialmente peligroso, más espacio habrá para estudiar su trayectoria y evaluar el riesgo real. En este caso, el resultado ha sido tranquilizador, pero también ilustra, como insiste la ESA, lo que significa en la práctica la defensa planetaria cuando una duda se resuelve con más datos y mejores mediciones.

Imágenes | ESO

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