El 40% del suelo ya está ‘enfermo’ – Tinta clara
- diciembre 2, 2025
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Durante años hemos hablado de la desertificación como una amenaza futura o una sombra que se cernía sobre la Península Ibérica. Ahora, gracias a la ciencia de datos
Durante años hemos hablado de la desertificación como una amenaza futura o una sombra que se cernía sobre la Península Ibérica. Ahora, gracias a la ciencia de datos

Durante años hemos hablado de la desertificación como una amenaza futura o una sombra que se cernía sobre la Península Ibérica. Ahora, gracias a la ciencia de datos y al trabajo conjunto Desde la Universidad de Alicante (UA) y el CSIC hemos dejado de hablar de futuros probables para hablar de presentes tangibles, y la verdad nos hace repensar muchas cosas.
La realidad. Para tener una idea de a qué se enfrenta nuestro país, investigadores han preparado el Primer Atlas de la Desertificación de España (ADE). Esto no es sólo un mapa, sino que es una radiografía completa de la salud del suelo español basada en décadas de datos que habíamos acumulado y que ha servido para entender la tendencia del país.
El diagnóstico en este caso es bastante claro: más del 40% del territorio nacional sufre un proceso de degradación. Pero aunque se trata de una cifra alarmante, no es la más preocupante. El propio Atlas revela nuestra relación con el agua: la tecnología y el riego intensivo están ‘tapando’ un problema que avanza silenciosamente bajo nuestros pies y que no vemos.
Un suelo agotado. Para entender esta investigación hay que acabar primero con un mito: la desertificación no significa que España se esté convirtiendo en el Sáhara lleno de dunas, aunque sí es una realidad que la aridez va en aumento.
¿Cómo lo explican? Según los coordinadores del proyecto, Jorge Olcina (UA) y Jaime Martínez Valderrama (CSIC), la desertificación es la degradación de las tierras en zonas secas. Es un proceso por el cual el suelo pierde su capacidad biológica y económica de producir. Deja de ser fértil.
Los datos. Hay dos puntos a tener en cuenta en este caso. El primero de ellos es que el 40,9% ahora mismo está mostrando signos de degradación. Pero si nos vamos a las ‘tierras secas’ como las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, el porcentaje de territorio “enfermo” se dispara hasta el 60,94%.
La paradoja del riego. Uno de los puntos más interesantes en este caso es el papel que está jugando la tecnología agrícola. Y aunque ahora mismo se pueda pensar que el sistema de riego puede combatir la desertificación, el estudio apunta que En muchos casos puede acelerarlo.. Es decir, el efecto contrario.
El informe detalla cómo la agricultura de riego intensivo actúa como un «mecanismo de encubrimiento». Gracias a los fertilizantes y a la extracción masiva de agua subterránea, podemos ver cultivos muy verdes en la superficie, lo que nos hace pensar que no hay problemas con ellos. Pero la realidad es muy diferente.
La manifestación. El Atlas ha cruzado los datos sobre la cantidad de clorofila y biomasa que se puede ver en la tierra con el estado de los recursos hídricos y la realidad que emerge. Para la ciencia, ahora mismo estamos manteniendo ese verdor a costa de agotar los acuíferos y salinizar los suelos, como puede ocurrir en el mantenimiento de cultivos muy rentables como el aguacate en el sur peninsular.
Un dato demoledor del informe lo ilustra: en la cuenca del Guadiana, el 86% de los acuíferos presentan tasas de sobreexplotación o degradación ligadas a este fenómeno. Y estamos dando mucho peso a mantener el color verde mientras ‘cargamos’ nuestros recursos hídricos.
El estado por zonas. El Atlas, que consta de más de 60 mapas temáticos generados mediante Big Data e Inteligencia Artificial, permite acercarse a áreas críticas. La “zona cero” de la desertificación en Europa se dibuja claramente en el sureste peninsular, donde hay algunas regiones muy afectadas:
Caso específico. Además de esta información, el informe señala lugares estratégicos como la Sierra de Gádor en Almería, que sufrió la minería del siglo XIX y por ello deforestó bosques de encinas y espárragos con 52.000 toneladas de carbón vegetal de medio millón de árboles destruidos, dejando suelos esqueléticos que perduran siglos a pesar de la repoblación.
Cambiando las reglas. Esto es algo realmente importante, porque hasta ahora España dependía de mapas más generales o desactualizados. ADE cambia esto al introducir variables socioeconómicas en la ecuación. No sólo se fija en cuánto llueve (que cada vez es más torrencial), sino también en cómo utilizamos el agua que cae.
El documento advierte que el 42% del territorio nacional consume más del 80% del agua dulce disponible. En un contexto de cambio climático, donde las precipitaciones serán más erráticas y las temperaturas más altas, mantener este modelo es físicamente imposible.
Imágenes | giovanni cordioli Ser orgánico en la UE
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