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Tecnología

Chile tiene el litio necesario para salvar al mundo de los combustibles fósiles. El problema es que lo estás extrayendo a ciegas. – Tinta clara

  • abril 6, 2026
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El mundo necesita desesperadamente alejarse de los combustibles fósiles. Para conseguirlo, los vehículos eléctricos y las grandes plantas de energías renovables necesitan un componente vital para sus baterías:

Chile tiene el litio necesario para salvar al mundo de los combustibles fósiles. El problema es que lo estás extrayendo a ciegas.

 – Tinta clara

El mundo necesita desesperadamente alejarse de los combustibles fósiles. Para conseguirlo, los vehículos eléctricos y las grandes plantas de energías renovables necesitan un componente vital para sus baterías: el litio. Esta emergencia global ha puesto sus ojos en uno de los lugares más inhóspitos y frágiles del planeta, el desierto de Atacama en Chile, que alberga alrededor del 25% de las reservas mundiales de este mineral.

Pero esta «salvación» tiene un lado oscuro. Como revela una investigación profunda publicado por mongabayChile acelera la explotación ciega de sus salares. Bajo la promesa institucional de que este mineral será el “nuevo salario de Chile” –como Así lo definió el expresidente Gabriel Boric prometiendo riqueza con estricto respeto ambiental—la realidad en el territorio es diametralmente opuesta. El afán productivo está aplastando el conocimiento socioambiental que se requiere para evitar destruir la misma naturaleza que, irónicamente, el mundo intenta salvar.

El pacto que sella el futuro. Para capitalizar esta demanda, el Estado chileno lanzó la Estrategia Nacional del Litio (ENL)buscando consolidar al país como líder indiscutible de este mercado. En este contexto, se fraguó un acuerdo minero sin precedentes. De acuerdo a La confusiónLa minera estatal Codelco y el gigante privado SQM sellaron un pacto histórico para extraer litio en el Salar de Atacama hasta 2060 bajo una nueva empresa conjunta: NovaAndino Litio.

Con el objetivo de evitar las resistencias locales que suelen paralizar estos megaproyectos, el acuerdo incluyó un modelo de gobernanza sin precedentes. Este esquema promete a las comunidades indígenas de Atacama (el pueblo Lickanantay) millones de dólares anuales en gananciasasientos en mesas de diálogo y poder de fiscalización ambiental. Un modelo que la industria celebra como estándar de la futura «minería verde», pero que en el territorio ha encendido una mecha con consecuencias insospechadas.

La desproporción de 33 a 1. Las promesas de equilibrio ambiental se desmoronan cuando se mira el presupuesto fiscal. Las cifras son demoledoras: por cada peso que el Estado chileno invierte para proteger los frágiles ecosistemas de los salares, destina 33 a promover la productividad y la tecnología minera.

A través de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), el Estado ha inyectado más de 166 millones de dólares en el desarrollo tecnológico para la industria. En dramático contraste, la inversión científica para comprender el impacto del litio en el agua, los microorganismos y las especies amenazadas –como los flamencos andinos– apenas roza los 5 millones de dólares.

yovisibilidad territorial. A esta ceguera institucional se suma la invisibilidad territorial. Como explican los medios Cuesta Sur al documentar el proyecto científico Anillo LeonaEl ojo público se ha obsesionado con las piscinas de evaporación, ignorando la fuera de los sitios: las zonas exteriores a las salinas.

Las rutas de transporte, las terminales portuarias y las comunidades de tránsito absorben silenciosamente impactos iguales o peores bajo «la excusa del desarrollo verde», advierten los investigadores. Para el Premio Nacional de Historia, Lautaro Núñez, citado por el mismo medio, la clave se está perdiendo en el debate: «Los salares son patrimonio de Chile».

Sed en el desierto. A medida que millones fluyen hacia la tecnología, el ecosistema se agota. La extracción de litio requiere bombear y evaporar enormes cantidades de agua antigua. Como se detalla La confusiónLas operaciones actuales consumen hasta 12.500 litros de agua industrial por cada tonelada de litio, lo que provoca que el salar se hunda hasta dos centímetros por año.

Ante esta amenaza, la inyección de dinero ha provocado la mayor fractura histórica del pueblo Lickanantay. Las comunidades pasaron de bloquear rutas en enero de 2024 a pelearse entre sí por el millonario botín, que podría alcanzar hasta 150 millones de dólares anuales para la región. según datos del gobierno chileno.

Fractura social. Rudecindo Espíndola, agricultor local citado por La confusiónAsegura que participar en este acuerdo es una forma de «justicia de participación» porque, después de 12.000 años de habitar el territorio, finalmente tendrán acceso físico a las plantas para supervisar a las mineras.

Sin embargo, otros ven la destrucción de su tejido social. Sergio Cubillos, presidente de la comunidad Peine, reconocer la misma publicación que «el hecho de que hoy las comunidades reciban dinero es lo que ha llevado a esta división». Sonia Ramos, una respetada curandera de 83 años, es aún más directa. en su entrevista con Clima Inicio Noticias: «Somos tierra y agua (…) pero hoy hay fragmentación. Todo se ha desequilibrado.» Para ella, el megapacto minero no trae progreso, sino «muerte, destrucción total del Salar».

Entonces, ¿qué va a pasar? Buscando justificar su expansión hasta 2060, NovaAndino se ha comprometido a dejar de utilizar agua dulce y reinyectar al menos el 30% de la salmuera al subsuelo mediante nuevas tecnologías de extracción. Sin embargo, esta promesa se ve con gran escepticismo. Como advierte la microbióloga Cristina DoradorEstas tecnologías de reinyección no están probadas a gran escala y podrían alterar la composición química del desierto. Continuar bombeando hasta 2060, afirma, podría ser el «golpe de gracia» para este ecosistema vital.

El Estado como facilitador, no como protector. Políticamente, el rumbo parece no haber cambiado. El recién inaugurado presidente de extrema derecha, José Antonio Kast, ya prometió respetar los contratos firmados por la administración anterior. La maquinaria seguirá funcionando.

En declaraciones a mongabayHernán Cáceres, director del Instituto Nacional del Litio y Salares (INLiSa), justificó el bajo presupuesto estatal en áreas ambientales argumentando que ese dinero es en realidad un «gasto habilitante». Es decir, el Estado financia estudios ecológicos y mesas de diálogo no necesariamente para frenar el impacto, sino para «abrir el camino» a las mineras, reduciendo los riesgos de conflictividad social y garantizando que las empresas puedan operar sin resistencia de los pueblos indígenas.

Venda. Mientras las inversiones tecnológicas avanzan a velocidad récord, la protección jurídica, como la reciente creación de la Red de Salares Protegidos, avanza a paso lento, atrapada en la burocracia y la falta de fondos. La historia del litio en Chile resume la gran contradicción de nuestro tiempo. En la búsqueda por limpiar el aire en las metrópolis del hemisferio norte, uno de los rincones más antiguos y con mayor biodiversidad del sur global está siendo comprimido y fracturado.

Como concluye la investigación, el país enfrenta hoy un desafío monumental: demostrar si sus políticas productivas pueden coexistir con la protección de la naturaleza, o si el «oro blanco» terminará socavando su patrimonio ecológico. Por ahora, los datos muestran que la maquinaria avanza a toda velocidad, pero Chile está al volante con los ojos vendados.

Imagen | Willian Justen de Vasconcellos

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