Aumentan los homicidios y la explotación de jóvenes por parte de las pandillas
– Tinta clara
abril 1, 2026
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El Atlántico cerró marzo de 2026 con una de las cifras de violencia más altas de los últimos años. Un total de 93 muertes violentas se registraron en
El Atlántico cerró marzo de 2026 con una de las cifras de violencia más altas de los últimos años. Un total de 93 muertes violentas se registraron en el departamento durante ese mes, según el más reciente informe del Sistema Civil de Alerta Tempranauna cifra que excluye los accidentes de tráfico y los suicidios y que refleja la creciente presión de los grupos criminales sobre el territorio.
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Del total, 73 casos ocurrieron en el área metropolitana de Barranquilla: 38 homicidios en la capital, 23 en Soledad, 8 en Malambo y 4 en Puerto Colombia. Los 20 restantes se reportaron en municipios del resto del departamento.
La tendencia trimestral confirma el deterioro. Entre enero y marzo, el departamento acumula 282 muertes violentas51 más que en el mismo periodo de 2025, cuando se registraron 231.
Como agravante, 21 mujeres han sido asesinadascifra que preocupa a autoridades y organismos de seguimiento ciudadano, que advierten patrones persistentes de agresión y vulnerabilidad en varias áreas metropolitanas.
En medio de este preocupante panorama, un dato encendió aún más las alarmas: la creciente participación de menores en actividades delictivas. Miguel Andrés Camelo, comandante de la Policía Metropolitana de Barranquillalo resumió con una contundente frase:
“De los 1.500 capturados que tenemos actualmente en el Área Metropolitana, tenemos casi 120 que son menores de edad que están siendo explotados por estas redes criminales.«
No sólo son en casos menores, son en eventos de alto impacto
El dato no es menor. Los dos recientes hechos de violencia que más atención mediática y ciudadana recibieron –por la cantidad de involucrados y la gravedad de los casos– confirman que Los adolescentes ocupan un lugar cada vez más visible. dentro de la dinámica criminal.
‘Fabián’, uno de los menores involucrados en el crimen de las hermanas en Malambo. Foto:Redes sociales
El primero es el caso de las hermanas hernandezocurrido entre finales de febrero y principios de marzo en Malambo, donde las dos víctimas eran menores de edad, al igual que al menos dos de los presuntos responsables identificados por la comunidad y las autoridades.
Este episodio expuso un doble fenómeno que tenía a los adolescentes como víctimas directas de la violencia estructural y, simultáneamente, de otras Jóvenes reclutados para participar en delitos graves.
El segundo incidente ocurrió el 19 de marzo, durante el tiroteo en una discoteca del norte de Barranquilla. Allí las autoridades confirmaron que uno de los capturados por participar en el ataque tenía apenas 14 añoshecho que volvió a colocar a los menores de edad en la primera línea de hechos violentos de alto impacto.
En este tiroteo se estrelló el vehículo en el que viajaban los agresores. Allí fue el menor. Foto:Redes sociales
Ambos casos ilustran un patrón que coincide con la cifra proporcionada por el General Camelo y son parte de una dinámica en la que el presencia juvenil se ha vuelto recurrente en las estructuras criminales.
Su papel, según las autoridades, incluye de tareas de vigilancia y alerta (“campaneros”), incluso transportando armas, participando en sicarios o Apoyo a células urbanas dedicadas a la extorsión.
Reclutamiento, riesgo y vulnerabilidad
Según fuentes policiales y de investigación, la instrumentalización de los adolescentes responde a varios factores. Los principales son la ausencia de oportunidades reales, la Presión de entornos donde convergen la violencia y la pobreza.la falta de apoyo familiar y la ventaja que representan para las pandillas por su menor exposición criminal.
La instrumentalización de los adolescentes responde a varios factores, entre ellos el entorno. Foto:GUILLO GONZÁLEZ
Las organizaciones criminales recurren cada vez más a jóvenes que, por su edad, son fácilmente reemplazables y ofrecen menos visibilidad para tareas de riesgo. Las autoridades han advertido que este reclutamiento es sistemático y que forma parte de la estrategia de ampliación y mantenimiento de estructuras urbanas en Barranquilla, Soledad y Malambo.
Este fenómeno también alimenta un circuito difícil de romper en el que los adolescentes que entran en dinámicas criminales quedan atrapados en economías ilícitas y pasan rápidamente ciclos de detención y reincidencia, sin procesos sólidos de resocialización.
Un desafío que requiere mirar a los jóvenes
El aumento de muertes violentas durante marzo y la confirmación de que cerca de 120 menores participan hoy en actividades delictivas Dejan claro que Barranquilla y su área metropolitana enfrentan un desafío estructural que hace urgente evitar que los adolescentes sigan siendo absorbidos por redes criminales que los utilizan como piezas desechables.
Mientras la delincuencia se adapta y se expande, las cifras muestran que la edad de los implicados baja, el riesgo aumenta y los efectos se sienten con más fuerza en los barrios populares del área metropolitana.
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La instrumentalización de menores, como advirtió el general Camelo, es una realidad consolidada que agrava la crisis de seguridad y compromete la protección de los niños y jóvenes en el Atlántico.
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