mujeres y sus historias, mientras le dan sabor al Pacífico colombiano – Tinta clara
- abril 2, 2026
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La historia de Mónica Mina Mulato Está marcada por la estufa, la leña y el sazón que heredó de su abuela, su madre y sus tías. Son mujeres
La historia de Mónica Mina Mulato Está marcada por la estufa, la leña y el sazón que heredó de su abuela, su madre y sus tías. Son mujeres
La historia de Mónica Mina Mulato Está marcada por la estufa, la leña y el sazón que heredó de su abuela, su madre y sus tías. Son mujeres vallecaucanas que desde hace años cocinan para comunidades enteras, especialmente para cortadores de caña del departamento.
«Crecí mirándolos, acompañándolos, ayudándolos en todo. Ese conocimiento quedó en mi ADN», afirma.
Su infancia en Chocosito, un distrito de Florida, en el sur del Valle del Cauca, estuvo impregnada de olores y sabores. Pero a los 11 años, tras la enfermedad de su madre, este aprendizaje se convirtió en una necesidad.
Mónica Mina y el sabor del Pacífico con espiritualidad en Semana Santa, en Cali. Foto:Proporcionada por promotores de ‘Mi santa cocina’
“Ver a mi mamá cocinar en medio de la enfermedad me enseñó la fuerza que tenemos las mujeres. Ese ejemplo es el que me guía todos los días”, afirma.
Hoy, desde su restaurante en la galería del barrio El Porvenir, en Cali, Mónica ha hecho de la cocina una plataforma de resistencia cultural. Su plato estrella es la pata de res sancocho, que condensa siglos de historia.
“Este sancocho fue resistencia en la esclavitud, luego libertad y hoy es un llamado a preservar lo nuestro”, afirma.
Diana Castro, en ‘Mi santa cocina’. Foto:Proporcionada por los promotores de ‘Mi santa cocina’
A los 25 años, Diana CastroMurillo representa una nueva generación de cocineros que ha crecido entre la tradición y la búsqueda de nuevas herramientas.
Hija de la cocinera Basilia MurilloSu relación con la cocina comenzó desde muy joven, en escenarios como el Festival Petronio Álvarez.
“Hacía empanadas desde la mañana hasta el amanecer. Ahí empezó a gustarme cocinar”, recuerda.
A diferencia de otras carreras, Diana decidió complementar ese aprendizaje con una formación académica en el Sena. “Quería salir, aprender en otros espacios, entender otras cocinas y luego aplicar eso a la nuestra”, explica.
El sabor del Pacífico con espiritualidad durante la Semana Santa, en Cali. Foto:Proporcionada por promotores de ‘Mi santa cocina’
Sin embargo, su historia se desarrolló gracias a una ausencia que transformó su relación con la cocina. Tras la muerte de su madre, el pastel chocoano, uno de los platos más representativos de su familia, quedó como una prueba personal.
«Aprendí mirando. Vi lo que él le arrojó, cómo lo hizo. Nunca lo hicimos juntos», dice.
Cuando tuvo que prepararlo sola por primera vez, lo hizo de memoria. «Estaba nerviosa, pero cuando lo probaron me dijeron que sabía igual que el de mi madre. Fue entonces cuando sentí que había aprendido».
Hoy, ese plato no sólo lo identifica, sino que representa la continuidad de un legado. «Si mi mamá estuviera allí, sé que estaría orgullosa», dice.
Ellos Son sólo una muestra del talento culinario durante la Semana Santa en un encuentro denominado ‘Mi cocina santa’. Pero su participación no será sólo culinaria, sino también simbólica y espiritual.
«Cocinar en Semana Santa no es un día a día, es un ritual. Cada preparación tiene un significado, un tiempo, una intención. Cocinar es también guardar silencio, respetar, recordar y agradecer», señala Mónica Mina.
“Este espacio nace de una necesidad profunda: no dejar que nuestras tradiciones queden solo en los territorios, sino traerlas a la ciudad para que sean reconocidas, valoradas y respetadas”, explica Jaime Rebolledo, gestor cultural y organizador de la actividad que se desarrollará del 2 al 5 de abril, esta Semana Santa, en el hotel Río Cali, ubicado sobre el tradicional Bulevar del Río, de casi un kilómetro de extensión.
“Aquí no sólo mostramos comida, mostramos una forma de entender la vida desde lo espiritual y lo colectivo”, añade el directivo.
Dice que uno de los ejes centrales de ‘Mi Santa Cocina’ será la relación entre gastronomía y espiritualidad. En los territorios del Afro-Pacífico –como Chocó, Valle, Cauca y Nariño– la Semana Santa se vive como una experiencia comunitaria donde la cocina juega un papel fundamental.
El momento más representativo del evento será la recreación de la tradición de los ‘Siete platos’, una práctica que trasciende lo culinario.
«Los siete platos no son abundancia por abundancia. Son un símbolo, son historia, son una forma de honrar la vida y la fe», explica Mónica Mina. “Cada preparación tiene un mensaje”.
La programación incluirá también canciones tradicionales conocidas como “pasiones”, interpretadas a capella, así como espacios de diálogo entre cocina, territorio y espiritualidad.
«La espiritualidad en nuestros pueblos no sólo se vive en la iglesia, se vive en la casa, en la cocina, en el canto. Este evento recoge todo eso y lo pone en diálogo en un solo espacio», añade Jaime Rebolledo.
El evento contará con la participación de chefs y portadores de la tradición, como Rey Guerrero, Ruby Murillo, Mónica Mina, Diana Castro Murillo, el propio Jaime Rebolledo, entre otros.
La inauguración, el Jueves Santo, estará marcada por el lanzamiento del libro “Sabores de Resistencia”, del chef e investigador Rey Guerrero, obra que aborda la cocina del Pacífico como expresión cultural y política.
El encuentro se cerrará con una cena que se realizará a 10 manos, en la que cocineros tradicionales de diferentes territorios construirán una experiencia colectiva en torno a la memoria gastronómica.
«Esta cena es una hermandad. Aquí no hay roles individuales, hay una construcción colectiva donde cada plato representa un territorio», afirma Mónica Mina.
En un contexto donde las tradiciones corren el riesgo de diluirse, iniciativas como ‘Mi Santa Cocina’ buscan posicionar la cocina como un patrimonio vivo, según el directivo y los participantes.
“Traer el Pacífico a Cali durante la Semana Santa es un acto de dignidad cultural. Es reconocer que estas prácticas no son folklore, son memoria viva”, enfatiza Rebolledo.
Los relatos de Mónica Mina y Diana Castro lo confirman. Representan dos generaciones, dos caminos distintos, pero una misma convicción: que la cocina no sólo nutre, también dice quiénes somos. Y mientras haya alguien dispuesto a encender la estufa, esa historia, lejos de apagarse, seguirá encontrando nuevas formas de contarse.
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