quiere más pero mejor distribuido – Tinta clara
- marzo 31, 2026
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El dilema los trae. Japón quiere más turistas, pero no a cualquier precio. Lo primero es bastante comprensible si se tiene en cuenta que el Gobierno estima que
El dilema los trae. Japón quiere más turistas, pero no a cualquier precio. Lo primero es bastante comprensible si se tiene en cuenta que el Gobierno estima que

El dilema los trae. Japón quiere más turistas, pero no a cualquier precio. Lo primero es bastante comprensible si se tiene en cuenta que el Gobierno estima que a finales de esta década el país podría estar entrando miles de millones de dólares extra gracias al turismo. Lo segundo tampoco es difícil de entender en un país que ha visto sus principales ciudades, templos, monumentos, parques y senderos poblarse de extranjeros en un tiempo récord.
Para salir de esta encrucijada, el Gobierno de Sanae Takaichi ha tenido una idea: sacar un plan seguir ganando visitantes de aquí a 2030, aunque de forma mucho más ordenada y compatible con el día a día de los japoneses.
¿Qué ha pasado? que Japón ha propuesto un objetivo ambicioso que, si va bien, podría marcar el camino para España y otros países que se enfrentan a los efectos del turismo de masas. Las autoridades japonesas no quieren renunciar a la ‘gallina de los huevos de oro’ que supone la llegada de visitantes extranjeros, pero tampoco están dispuestas a permitir que el sector siga ejerciendo presión sobre la población local. Ambos objetivos son comprensibles, especialmente a nivel político.
El turismo genera miles de millones de yenes cada año, un flujo de caja constante que irriga tanto al sector privado como a las arcas del propio Estado japonés. Además, el Ejecutivo liderado por Takaichi está convencido de que el país no ha alcanzado su techo como destino y puede recibir aún más turistas. Por otro lado, la masificación se ha convertido en un tema tan espinoso que ya condiciona la agenda política y ha dado alas a uno extrema derecha xenófobos y «antituristas».
¿Qué quiere hacer el Gobierno? A finales de la semana pasada el Consejo de Ministros aprobó un ambicioso documento de 94 páginas titulado «Plan Básico para la Promoción de Japón como Nación Turística», básicamente una hoja de ruta que marca el camino que el país quiere seguir entre 2026 y 2030.
En su presentación, las autoridades insistieron sobre todo en dos mensajes. En primer lugar, quieren seguir trabajando para establecer a Japón como un destino internacional, haciendo del turismo una «industria estratégica». La segunda idea es que quieren avanzar en ese camino de forma «sostenible».
«Como el turismo es una industria estratégica [y] Con el objetivo de lograr un turismo que transmita de forma sostenible el atractivo y dinamismo de Japón a las generaciones futuras, se ha decidido impulsar la política turística con las siguientes directrices: ‘desarrollo sostenible del turismo’, ‘aumento del gasto’, ‘promover la atracción de visitantes a las regiones’, ‘fortalecer la colaboración entre turismo, transporte y desarrollo urbano’, y ‘aplicación y despliegue a gran escala de nuevas tecnologías'», reanudar el Ejecutivo.
¿Es tan importante? Sí. Puede parecer un lenguaje burocrático, pero plantea algunas ideas muy interesantes. Por ejemplo, el Gobierno no está dispuesto a levantar el pie del acelerador. Aunque hay regiones de Japón que dan señales de estar saturadas por la avalancha de visitantes extranjeros e incluso hay voces que advierten de que el país acabará sufriendo un déficit de personal si la demanda sigue creciendo, el Gobierno mantiene sus objetivos de crecimiento.
No hay corrección de rumbo ni pasos atrás. El objetivo es el mismo que el Ejecutivo Fue marcado en 2016.: llegar al 60 millones de visitantes extranjeros en 2030, un 40,5% más que en 2025, cuando el año acabó con 42,7 millones de turistas internacionales. La idea es que estos 60 millones de visitantes generen también un gasto de 15 mil millones de yenes, casi un 60% más que el año pasado.
¿Cómo quieres hacerlo? Incrementar la capacidad de la administración japonesa para poner fin a los excesos. El Gobierno ha decidido aumentar regiones que aplican políticas contra la hacinamiento: de las 47 en 2025 será 100 en 2030. La idea es reforzar las medidas desplegadas gracias a la «impuesto turístico internacional»un homenaje que rinden los visitantes y que también se duplicará en unos meses, pasando de los 1.000 yenes actuales a los 3.000.
Con este compromiso, el Ejecutivo busca dotar de más recursos a los entes locales que quieran encontrar soluciones para, por ejemplo, paliar problemas de saturación o combatir comportamientos conflictivos, como el que hace unos años llevó a las autoridades de Kioto a prohibir el acceso de turistas al distrito de las geishas o al Gobierno de Fujikawaguchiko para instalar una valla para tapar las vistas del Fuji y deshacerse de los turistas que obstaculizaban el tráfico.
¿Es la única medida? En absoluto. El plan propone también reducir la congestión en las carreteras, contempla limitaciones a los visitantes, aplicar tasas diferentes a la población autóctona y extranjera, impulsar el gasto per cápita de los turistas en más de un 9% en los próximos años… Tokio también quiere afrontar el reto de alojamiento sin licencialugares que han fortalecido la capacidad del país para recibir turistas pero a costa de alimentar una oferta desregulada.
Con el turismo chino en horas bajas, Japón también aspira a diversifica tu mercado. Hasta ahora, China representaba un mercado emisor fundamental para el país del sol naciente, pero el conflicto político generado en noviembre tras las declaraciones de Takaichi sobre Taiwán ha hecho que éste se desplome. El Gobierno planea ampliar su mercado y atraer viajeros a Europa y Estados Unidos.
¿Y vendrá con eso? En realidad hay otra medida. Uno con bastante lógica. Japón quiere seguir ganando turistas sin agravar la situación de aquellos destinos nacionales que ya están saturados, así que… ¿Por qué no diversificar la demanda y la oferta? ¿Por qué no sacar a los turistas de Tokio, Kioto u Osaka y llevarlos más lejos, incluso a zonas rurales? Ésa es una de las ideas recogidas en el plan aprobado por el Gobierno, que habla de potenciar los espacios regionales.
¿Qué dice exactamente? «Es fundamental reforzar las medidas encaminadas a prevenir y frenar el ‘turismo de masas’ […] y corregir la concentración en determinadas ciudades y regiones», recolectar el documento, que apuesta también por «diversificar» la demanda, «mejorar el atractivo de los destinos regionales» e incluso trabajar para reforzar la red de transporte que conecta las zonas rurales.
No se trata sólo de facilitar a los turistas el acceso a nuevos destinos en el archipiélago. El plan pasa también por enriquecer los contenidos que los viajeros encontrarán cuando estén allí, potenciando, por ejemplo, el turismo gastronómico o deportivo. El objetivo: una distribución más equitativo de visitantes, permitiendo que las zonas menos populares también se beneficien.
Imágenes | Jakob Owens (Unsplash) y PJH (sin salpicar)
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