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‘No te rindas, ten siempre presente a tu comunidad’ – Tinta clara

  • noviembre 28, 2025
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Las raíces territoriales son la conexión emocional y simbólica queque una comunidad establece con el lugar donde crece, construye vínculos y desarrollar tu vida diaria. Dejar ese espacio,

‘No te rindas, ten siempre presente a tu comunidad’

 – Tinta clara

Las raíces territoriales son la conexión emocional y simbólica queque una comunidad establece con el lugar donde crece, construye vínculos y desarrollar tu vida diaria. Dejar ese espacio, especialmente cuando se hace con fuerza, puede tener profundos impactos emocionales.

“La permanencia del individuo en el espacio geográfico (hábitat) es voluntaria y normalmente está determinada por el origen de sus antepasados ​​y parientes, donde se comparten los mismos principios o valores”, dice una investigación publicada en ResearchGate en 2022.

Esa experiencia la conocen Carolina del Carmen Peterson y Esmeralda Esther Padrón Martínez, quienes vivieron toda su vida en Getsemaní antes de verse obligadas a partir. Ambos coinciden en que los altos costos del alquiler los sacaron de las calles donde entablaron amistades. y una vida comunitaria que describen como alegre y unida. Peterson dice, por ejemplo, que en 2015 pagó 800.000 pesos y actualmente el precio subió a dos millones sin servicios públicos.

Sin embargo, el vínculo con el territorio no se rompió. Padrón Martínez es contundente al afirmar que volvería a vivir en Getsemaní y asegura que cada fin de semana regresa para participar de los eventos culturales del barrio. Tanto ella como Peterson, parte de la diáspora de Getsemaní, se aferran a la nostalgia, a sus raíces y a las memorias construidas durante años en esa zona de Cartagena.

Antes de que supiéramos quién vivía al lado; eso ya no pasa

Carolina del Carmen Peterson, miembro de la diáspora Getsemaní.

Los datos del documento ‘Diásporas y resistencias: resultados del censo de población y vivienda en Getsemaní, 2025’ apoyan esta percepción. “Durante los últimos 10 años, La comunidad de vecinos valora como malos o muy malos los cambios observados en el barrio en relación al coste de la vivienda.«, la presencia de nuevos negocios y restaurantes, la calidad de las infraestructuras y servicios públicos y la población del barrio», indica el censo. La mayor preocupación radica en el desplazamiento de habitantes y las restricciones en el uso del espacio público.

Esmeralda Esther Padrón Martínez, miembro de la diáspora getsemaní.

Foto:Andrea Moreno. CEET

A esto se suman otros factores que han fomentado la intención de mudarse, como el aumento del coste de vida, la transformación de la identidad cultural del barrio y la contaminación ambiental y acústica. El 6,4 por ciento de los residentes encuestados expresaron su intención de irsey de ellos, el 32 por ciento lo haría por motivos económicos.

Para Peterson, uno de los dolores más profundos es que sus hijos no tienen la oportunidad de conocer la vida comunitaria que ella vivió durante su juventud, desde salir a jugar a la calle con sus amigos, usar la Plaza de la Trinidad como punto de encuentro hasta tener las puertas abiertas como sinónimo de confianza. “Antes sabíamos quién vivía al lado; eso ya no pasa”, recuerda.

No todo es malo, dice. “Hay muchos getsemaníes que se dedican al turismo, porque tienen sus propios negocios, incluso tengo algunos familiares que lo hacen. Lo negativo es que la vida de barrio ha desaparecido”, afirma.

El censo muestra también que la despoblación del barrio ha ido acompañada del marcado envejecimiento de su población, así como de una baja participación de los jóvenes. “Hoy los niños menores de cinco años representan sólo el 1,4 por ciento de la población total.mientras que los mayores de 60 años alcanzan el 33,6 por ciento”, señala el documento.

En nombre de Dios, todos volvemos a Getsemaní.

Carolina del Carmen Peterson, miembro de la diáspora Getsemaní.

El proceso de salida no fue fácil para la familia de Peterson. Cuenta que su madre no lograba adaptarse al nuevo hogar ubicado en El Prado y que, para animarla, le sugerían que regresara los fines de semana a Getsemaní. “Cada vez que voy lo que más me gusta es saludar a mis vecinos y hablar con ellos, preguntarles cómo está su familia”. Con esperanza, agrega que intuye que algún día podrán regresar al barrio. donde eran felices y compartían la vida con los demás.

Foto:Andrea Moreno. CEET

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Las cifras del censo coinciden con esta historia. El principal motivo de salida de 294 personas de la diáspora entrevistadas fue la venta de su propiedad (26,5 por ciento), seguida del aumento del alquiler (13,3 por ciento) y los cambios en el entorno o la búsqueda de mejores oportunidades laborales (7,1 por ciento). Aun así, casi el 90 por ciento de los que se fueron mantienen vínculos diarios con el barrio y el 98 por ciento dice que se sintió mejor cuando vivió allí y le gustaría regresar.

Peterson lo resume en una frase que explica su esperanza y la de muchos otros: “No te desanimes, ten siempre presente tu barrio porque, en el nombre de Dios“Todos vamos a regresar a Getsemaní”.

ANGIE RODRÍGUEZ – EDITORIAL DE VIAJES – @ANGS0614

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