44 años de prisión para policías por el crimen de un joven futbolista en el barrio de San Francisco
– Tinta clara
enero 6, 2026
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justiciaaunque a veces parece caminar con el lento paso de los años, finalmente ha llegado para cerrar uno de los capítulos más oscuros de la historia. Abuso policial
justiciaaunque a veces parece caminar con el lento paso de los años, finalmente ha llegado para cerrar uno de los capítulos más oscuros de la historia. Abuso policial en el barrio San Francisco de la capital de Bolívar.
A Juez Penal del circuito de Cartagena condenó a tres patrulleros de la Policía Nacional para el asesinato de Haroldo David Morales, adolescente de 17 años cuyo único ‘pecado’ fue no saber contestar a qué hora cerraba un lavadero de coches.
El caso, ocurrido en el llamado cinturón histórico de pobreza de Cartagena, se remonta a la tarde del 24 de agosto de 2020, en plena pandemia.
Una época de violencia policial en barrios populares que no sólo expuso la brutalidad de un disparo, sino también una elaborada red de mentiras tejidas desde el interior de la Policía Nacional para encubrir un crimen que la Fiscalía calificó como una flagrante violación de los derechos humanos.
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El origen de la tragedia.
Montallantas y lavado de motos en zona popular de Cartagena de Indias Foto:John Montaño/EL TIEMPO
Haroldo David era un futbolista prometedor. Pertenecía a una escuela deportiva en Cali y Había regresado a su Cartagena natal en medio de la incertidumbre por la pandemia de 2020.
Pobreza, hambre y desempleo, como en millones de hogares colombianos para ese año, También tocó las puertas del domicilio de Haroldo David; por eso El joven consiguió trabajo en un lavadero de motos muy cerca de su casa, para poder llevar pan a su familia. en medio de la incertidumbre más terrible que ha vivido la humanidad en este siglo.
Ese día de agosto, su camino se cruzó con el del los patrulleros Octavio Darío Porras Vides, Iván Darío Olivo de Ávila y Esteban Gómez Ricard en el barrio San Francisco.
Según la investigación, los uniformados llegaron al lavadero de autos y agredieron al joven, acusándolo de un delito y porque no les proporcionó información exacta sobre el horario del local.
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Haroldo, asustado por la agresión física inicial, intentó huir. En medio de la persecución, el patrullero Porras Vides sacó su arma reglamentaria y le disparó en el abdomen. El futbolista falleció poco después en un centro asistencial.
La configuración del ‘arma mágica’
Lo que siguió al tiroteo fue un intento sistemático de empañar la memoria de la víctima para salvar el uniforme. Olivo de Ávila y Gómez Ricard declararon en informes oficiales que Haroldo era un pandillero que los había atacado con un arma de fabricación casera. Incluso llegaron a conseguir un deletrear artefacto y entregarlo como evidencia en cadena de custodia.
Sin embargo, el andamiaje de falsedades se derrumbó bajo el peso de la ciencia forense. Las pruebas balísticas y los testimonios comunitarios fueron contundentes:
Falta de ataque: El joven nunca portó un arma.
Prueba técnica: El dispositivo entregado por la policía ni siquiera era apto para disparar.
Falsedad ideológica: Los informes oficiales fueron fabricados para justificar un uso desproporcionado de la fuerza.
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Condenas: El peso de la ley
Luego de un juicio oral donde la Dirección Especial contra Violaciones de Derechos Humanos presentó pruebas irrefutables, el juez dictó las siguientes sentencias:
Octavio Darío Porras Vides: Condenado a 44 años y 2 meses de prisión por el delito de homicidio agravado. Él es quien disparó el tiro fatal.
Esteban Gómez Ricard: Condenado a 14 años de prisión por favorecimiento agravado y falsedad ideológica en documento público.
Iván Darío Olivo de Ávila: Condenado a 13 años y 6 meses de prisión por favorecimiento agravado.
A pesar de La sentencia es de primera instancia y el acusado puede apelar, El fallo envía un fuerte mensaje sobre la la integridad de los informes policiales y la protección de las vidas de los civiles. para la familia de Haroldo David, que soñaba con canchas de fútbol profesionalesLa justicia ha dado el primer paso para limpiar un nombre que la fuerza pública intentó, sin éxito, criminalizar con mentiras. En el barrio de San Francisco, epicentro de la violencia contra los jóvenes, también celebran la condena.